Copenhague, la ciudad de cuento de Hans Christian Andersen

“Viajar es vivir” dijo una vez Hans Christian Andersen. En nuestra infancia el escritor célebre danés nos ha hecho viajar a través de la imaginación por parajes recónditos, buscando príncipes, castillos con encanto y terminando nuestras fantasías con finales felices. Pero cuando eres mayor y vuelves a leer sus cuentos, una se da cuenta que estos libros no iban destinados a nuestra niñez sino a nuestros padres. Además, muchos de estos tienen un aire de evasión que conecta con la vida de escritor, con Copenhague y su amor-odio por esta ciudad. Andersen antes que escritor fue pobre y antes de escritor célebre fue viajero. El escritor nació en uno de los barrios más humildes de Odense, lugar donde actualmente se puede visitar su casa-museo, pero decidió renunciar a este estatus social y se plantó en Copenhague, una ciudad por aquel entonces aristocrática y señorial, con la idea de convertirse en alguien digno de ser recordado. Su idea principal fue que la interpretación lo catapultase a la fama pero este camino quedó relegado a las letras. Lo cierto es que el escritor nunca se sintió cómodo en los círculos de la clase alta y sentía que no encajaba. A pesar de todo, muchos de sus amigos adinerados le ayudaron con los estudios, alquilándole habitaciones o poniendo un plato de comida en su mesa.

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Hans Christian Andersen Fairy-Tale House. Foto: Núria A.T

No sé si fue su carácter inestable, cargado de fuerte ambición, o su aversión  al carácter acogedor de los daneses cosmopolitas. Lo cierto es que, para él, una forma de expulsar esos demonios fue a través de dos vías: la literatura y los viajes.  Si leemos entre líneas sus cuentos infantiles veremos que El Patito Feo, el Soldadito de Plomo, La pequeña cerillera o su más célebre cuento, La Sirenita, no son más que una forma de exorcizar su pasado. Por otro lado, si lo hacemos con sus libros de viajes como El improvisador o Viaje a España veremos a un Andersen liberado de su estigma social. Fue un incansable viajero dentro y fuera de Dinamarca. Visitó Alemania, Francia, Austria y llegó hasta países que resultaban exóticos  en aquella época como España, Italia, Constantinopla – como se llamaba por aquel entonces la actual Grecia- e, incluso, llegó hasta los Balcanes. Cuanto más lejos, más desconocido resultaba para el mundo y la popularidad de sus cuentos en estos países le llenó de seguridad. Andersen también fue un gurú profético del turismo de masas en Europa. Quien haya leído el cuento Después de mil años no podrá olvidar que el lector viajero se ha convertido en el personaje de uno de sus cuentos:

Sí, dentro de mil años la gente cruzará el
océano, volando por los aires, en alas del vapor.
Los jóvenes colonizadores de América acudirán
a visitar la vieja Europa. Vendrán a ver nuestros
monumentos y nuestras decaídas ciudades, del
mismo modo que nosotros peregrinamos ahora
para visitar las decaídas magnificencias del Asia
Meridional. Dentro de mil años, vendrán ellos.

Con ese espíritu viajero me planté con un bus en Malmö dispuesta a llegar a Copenhague a través del Puente de Øresund. Esta estructura colosal de acero conecta los dos países nórdicos por encima y por debajo del mar. El trayecto apenas dura unos 20 minutos y el pasaje de ida y vuelta te suele costar sobre unos 22 €. En mi trayecto bus-tren desde el norte de Suecia pude leer algo sobre la capital de Dinamarca. A veces en mis viajes siempre me gusta visitar todo lo que pueda. Pero esta vez, y ante la falta de sol en el país vecino, sentía unas ganas tremendas de caminar y ver con que me sorprendería la ciudad. No hay nada más bonito para un viajero que el deseo de descubrir cosas nuevas. Sabía que Copenhague tendría el sello de Hans Christian Andersen en cada esquina, en cada rincón y me puse el reto de encontrar esa Copenhague de cuento. El miedo de saber en qué grado ha caído una ciudad en las garras del turismo a veces nos puede y depende de ello que una ciudad nos pueda enamorar o nos pueda decepcionar. Pero en el peregrinaje de encontrar el símbolo de la ciudad, la escultura de La Sirenita, me dejé llevar por el encanto de la arquitectura y la esencia de la ciudad. ¿Lo conseguí? Puede decirse que en cierta forma sí.

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Estatua del escritor en la Rådhuspladsen. Foto: Núria A.T

Por aquellas casualidades del destino, abandoné la Estación Central de Copenhague por la salida Bernstorffsgade. Justo delante de esta avenida se encuentra el Parque de Atracciones de Tivolí que ocupa una inmensa manzana. Para ir dirección a mí albergue, no muy cercano a la estación por cierto, tenía que callejear y mucho. Eso empezaba por voltear el parque, que lo dejaría para inspeccionar al final de mis días, y dirigirme a la avenida H. A. Andersens Boulevard. Justo allí me encontré con la escultura del escritor Hans Christian Andersen, sosteniendo su libro con una mano y su bastón en la otra, con la mirada fija a una de las entradas laterales del parque de atracciones. Y es así como, en menos de una hora, me topé con las dos caras de Dinamarca: la moderna y la antigua. El presente en forma de construcciones tecnológicas impresionantes con otra que no renuncia a la belleza y el romanticismo que emana de sus edificios históricos.copenhague2

 

Rådhuspladsen

La estatua del escritor da la espalda a la Rådhuspladsen. Es la plaza más céntrica de la ciudad danesa y merece una parada obligada. Aquí se encuentran algunos de los edificios más bonitos, a mí parecer, de Copenhague. El Copenhaguen City Hall, construido por el arquitecto Martin Nyrop en 1905, es el ayuntamiento de la ciudad. Su diseño es una copia calcada del edificio que se encuentra en Siena ya que, a principios del siglo XX, lo que predominaba era el estilo arquitectónico nórdico llamado romántico nacionalista. Todos los arquitectos buscaban su inspiración en la arquitectura de la Edad Media y, como no podía se menos, Copenhague está repleta de ejemplos de este estilo artístico. Junto a él, el Hotel Scandic Palace lo acompaña a su lado luciendo una maravillosa fachada. Pero lo que hace volar la imaginación son las estatuas de esta plaza. Hay guerreros vikingos tocando la trompeta característica danesa, un toro matando a un dragón, una chica con una bicicleta nórdica y otra con un paraguas presidiendo las alturas y unos seres sacados de la mitología nórdica -una especie de ser mitad serpiente mitad dragón- que presiden la entrada del consistorio. Os puedo decir que esta plaza es el sueño de cualquier adicta a fotografiar esculturas!

 

Fairy-Tale House

Aunque el museo original y más completo se encuentra en Odense, la capital danesa cuenta con un pequeño espacio dedicado a la figura de H. C. Andersen. La Fairy-Tale House se ubica justo al lado del museo de las rarezas Ripley’s Believe It or Not! en la misma plaza Rådhuspladsen.

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Cuentos clásicos de H.C. Andersen en la Fairy-Tale House. Foto: Núria A.T

A pesar que está destinado a un público infantil no es un lugar muy concurrido de gente y algunos pasadizos son bastante oscuros. El recorrido que realizas es interactivo a través de diferentes escenarios que recrean, con efectos de sonido, algunos de sus cuentos más famosos . Hay paneles explicativos de las obras en tres idiomas: inglés, danés y alemán. Si tú inglés es medianamente fluido no tendrás problemas en leer la información. Pero lo que a mí más me llamó la atención fue el espacio expositivo dedicado al mismo escritor. Hay una reproducción de su estudio con su figura mirando a la ciudad y una serie de audios que explican anécdotas de su vida, de su obra y la faceta viajera que resulta ser la menos conocida. A parte del típico merchandising que la ciudad diseñó en memoria del escritor, el espacio enseña diferentes objetos de valor como un manuscrito auténtico, una de sus gorras y alguno de sus objetos personales. Algunos pensaréis que es una visita prescindible si pisáis Copenhague pero creo que es lo más cerca que estaréis de la “ciudad de cuento de Hans Christian Andersen”.

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Vitrina con objetos personales del escritor. Foto: Núria A.T

 

La Torre Redonda

Cuando dejé Rådhuspladsen llegó el momento de callejear por las calles del centro de la ciudad. La artería más comercial – por donde están las típicas tiendas turísticas- se extienden por las avenidas Strøget, Skindergade y Købmagergade. Precisamente desviándome por esta última (sin saber hacía donde me dirigía) llegué al Complejo de Trinitatis. Fue uno de los edificios que se englobaban dentro del macroproyecto urbanístico impulsado por el rey Christian IV en el XVII. Su objetivo era – por aquel entonces- posicionar a Copenhague dentro de las urbes europeas más modernas. Por eso mismo este edificio incluía la biblioteca universitaria, una iglesia para estudiantes y un observatorio astronómico. Es uno de los iconos de la ciudad y por el que es necesario pasar. Aquí está la Rundetaarn, la Torre Redonda aunque yo no tardé en bautizarla de nuevo como “la Giralda danesa” por la forma de subirla: una rampa de caracol que caminas 209 metros y llegas a una altura de treinta y cinco.Torre Redonda

Arriba tiene uno de los mejores miradores de la ciudad que, incluso de lejos, se puede ver Malmö y el edificio de espiral Turning Torso del arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Pero os preguntaréis ¿Qué tiene que ver esto con la ciudad de cuento de Copenhague? Pues bien algo tiene que ver. Si alguno ha leído el cuento de El encendedor y la Yesca podrá acordarse que habla, más allá de brujas y hechizos, de una torre redonda. Pues el cuento está inspirado en este edificio ya que, hasta el 1631, albergaba una biblioteca – actualmente este espacio solo acoge exposiciones y eventos- y el escritor solía venir a leer y a inspirarse para escribir sus cuentos. Así porque es uno de los edificios emblemáticos que aún alberga el observatorio astronómico más antiguo del mundo, por las vistas y porque una fuente de inspiración para Andersen es una parada obligada si visitas la ciudad.

 

Kin’s Garden: un pulmón verde de cuento en Copenhague

Tuve la suerte de haber cogido el hostal al lado del lugar con más belleza de todo Copenhague: el parque Kongens Have. Si el objetivo es buscar un lugar que tenga un encanto sacado como de cuento, sin duda, son los jardines del Rey. Con el buen tiempo es el lugar preferido de los daneses para ir de picnic, pasear y hacer deporte. Es uno de los espacios públicos más antiguos de Europa y fue inaugurado por el rey Christian IV como lugar para albergar el que sería su castillo de veraneo: el Palacio de Rosenborg. Este edificio, construido en 1606, está inspirado en el estilo holandés renacentista y puede visitarse para conocer de primera mano toda la historia de la monarquía danesa y visitar sus colecciones reales.

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Palacio de Rosenborg. Foto: Núria A.T

La verdad que no es muy difícil imaginarte un escenario que se acerque a la Copenhague del siglo XVII. Sentarte en un banco, observar la arquitectura, las estatuas o, incluso, algún pájaro osado que se posa a tú lado, haciéndote ojitos y reivindicando un trozo de tu sandwich, convierten a este lugar en (no voy a decir la palabra mágico) pero si sorprendente. Pero ¿No consiste en eso viajar? En el parque también podemos encontrar una de las estatuas más célebres dedicadas a Hans Christian Andersen, inaugurada e 1877. El escritor está con otro cuento en sus manos ¡Cómo no! y la escultura presenta diferentes escenas en relieve de sus obras más famosas.8

 

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

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