Las Ramblas, Barcelona y el día después de la tragedia

Las Ramblas de Barcelona. Foto: Núria A.T
Las Ramblas de Barcelona. Foto: Núria A.T

No hay palabras. Por mucho que quieras no las encuentras. De verdad que a veces a una le gustaría ser un Jorge Carrión, un Èric González para saber que escribir y que frases idear en momentos tan impactantes como este. Me queda mucho viaje aún para ser como ellos. Pero aquí estoy, intentando encontrarlas aunque es imposible sacarlas sin soltar una lágrima.

Hoy es el día “después de…” y lo diremos porque duele. El día después del atentado en Barcelona. No ha sido en Kabul. Ni en la India. Ni en Nigeria. Ni en Turquía. Ni en Bélgica. Ni en Estocolmo. Ni en Siria. Ni Charlotteville. Ni otro lugar del mundo. Ha sido en casa. En nuestra Barcelona esta vez. Llevábamos meses de recelo pensando que nosotros seríamos los próximos. Con las vacaciones, con el paso de los meses, con el sol, el mar, la luz, la vida, el verano. Hemos olvidado que el peligro podría venir. Y ha venido. Ironías de la vida. Nosotros preocupados por todos aquellos amigos que están de vacaciones por los cinco continentes y resulta que nosotros en casa también estábamos en peligro.

Hoy apenas hemos dormido. Por mucho que a uno no le haya tocado directamente, uno no duerme. Imposible. Ayer fue un lío de día para todo el mundo. Tuve que recargar el móvil tres veces. Hasta que la gente más cercana no se personificó en forma de tuit o estado de Facebook no respiramos aliviados. Yo me encontraba en Blanes. En casa de mis padres haciendo la sobremesa. No había pasado ni cinco minutos que había bajado del despacho tras la última actualización indignada con la foto de la última tripulación de la ONG Open Arms, atracada ya en mi querida ciudad de Badalona. Mi actualización era una crítica a la ineptitud, impasividad, al postureo de los políticos frente al drama humanitario del Mediterráneo y la persecución, por parte del guardacostas libios, al querer rescatar a inmigrantes de sus aguas que, por cierto, son aguas internacionales. Agua de todos. Quizá antes de terminar de escribir esta frase la tragedia ya había pasado en Barcelona.

Mi padre miró el teléfono un momento (como las 150 veces al día) y leyó lo que nunca creíamos que pasaría: atentado terrorista en Barcelona. ¿En serio? ¿No será broma? le dije a mi padre. Corrí escaleras arriba para abrir el ordenador en el despacho. Opto por la inmediatez más absoluta: twitter. Efectivamente. Atropello masivo en Las Ramblas con una furgoneta. Minutos para digerirlo y buscar las fuentes oficiales. A partir de ahí toca comenzar a mirar y, sobre todo a rezar sin ser creyente, y agarrarte a la fe para que no haya habido una víctima. Pero comienza lo que todos temíamos. Vídeos que llegan a Whatsapp. Fotos. Sangre. Gente con sangre en el suelo. Gente con piernas rotas. Así van subiendo los heridos y los muertos: hasta 130 y 13 que ya jamás volverán a sus casas. 34 nacionalidades que dejaron su vida en el asfalto de Las Ramblas.  No queremos mirar pero lo hacemos y surge en nuestra mente casi instantáneamente el “Y si…”. Y si fulanito está ahí. Y si se le ha ocurrido a casa bajar por las Ramblas. Y si ya han vuelto de vacaciones. Y si… Y la impasividad se convierte en nerviosismo y el nerviosismo en angustia. De ese estado se pasa al lloro al ver por televisión la crudeza de la narración de los testigos que quisieron ayudar a los heridos. Sus lágrimas nos hacían llorar a nosotros. Siempre he dicho que soy de las que considero que tanto el dolor cercano como el lejano es el mismo. Pero no. Duele más. Jodidamente es así con el “Y si…”. Por otro lado, no voy a extenderme más en la sucesión de tuits infames, noticias falsas o inacabadas, la mal información, la sucesión de audiovisuales morbosos o las portadas sensacionalistas que producen vergüenza ajena. Fue saturación absoluta en toda la jornada de ayer.  Tampoco hablaré del postureo político que se ha personificado hoy en nuestra querida Plaza Catalunya. No os merecéis ni una sola frase. La foto no queda bien cuando el alma está podrida.

¿Qué pasa con el día de después? La vida jodidamente tiene que seguir igual. Los que se levantan a trabajar. Los que estamos de veraneo. Con la diferencia que solo hay un tema: el atentado en Barcelona y Cambrils. Hoy almorzábamos en un bar de Sant Hilari de Sacalm, un pequeño pueblo en el corazón de la comarca de la Selva. La gente seguía comentando. Tuits. Fotos. La televisión de fondo hablaba de lo mismo. El ambiente que se respira es de una indignación generalizada. Uno no puede seguir con sus vidas como si nada. Pero cuando pasa en África cada día si seguimos con nuestras vidas como si nada. Pero ayer nos tocó a nosotros. Y nos dieron donde más duele porque si la Sagrada Familia es nuestro corazón, Las Ramblas son nuestros pulmones.

Este paseo, que se extiende desde Plaza Catalunya hasta el monumento a Colón, han formado parte de mi vida y de lo que soy. De pequeña era nuestra alucinante excursión desde Badalona a una espectacular avenida donde ver flores y toda clase de animales en esos reducidos quioscos. En mi adolescencia eran esas escapadas con las amigas para recorrerla de arriba abajo y a la inversa. Durante mis años universitarios, el lugar donde acudíamos de fiesta y, más adelante, donde pasaba la mayor parte de mi tiempo estudiando en la Universidad de Periodismo. No había que ir muy lejos para buscar la noticia. Las Ramblas era un acontecimiento en sí misma. Un pulmón que da vida a la ciudad. Ahora la piso menos pero me paseo por ella, sobre todo cuando hay visitas para enseñar la ciudad, celebrar un triplete del Barça, para las fiestas de la Merçè o de mi cita indispensable cada año: La Diada de Sant Jordi.

Me quedo con la Barcelona de ayer. La Barcelona de la gente y del mundo. Aquella que pese al dolor no dudó en ayudar, desde los Cuerpos de Seguridad (Cambrils os debe la vida) y emergencias, hasta todos aquellos que se ofrecieron a echar una mano  a los heridos in situ, los enfermeros que acudieron a los hospitales a pesar de que estaban de vacaciones o era su día libre, a las cientos de personas que ayudaron con la donación de sangre cubriendo las reservas al 100%, los que ayudaron a través de la aplicación de Facebook o en la Meridiana ofreciendo agua y comida a los conductores retenidos por horas en la salida norte de Barcelona. Te llena de orgullo ver como Barcelona afronta con valentía y rapidez todas las adversidades. Somos más. Muchos más y, por eso, aún hay esperanza en este mundo.

Mientras escribo estas últimas líneas justo ha habido otro atentado en Turku, en Finlandia. El terror sigue. Y seguirá día tras día. Nuestros enemigos están a un lado y al otro del mediterráneo. Esos que han hecho de la muerte un negocio. Solo me viene a la mente ahora una canción de Txarango llamada Meravellós regal cantada junto al coro Safari Children’s Choir de Uganda. La estrofa dice así:

Que tot és vida al teu voltant.  [Que todo es vida alrededor tuyo.]
Meravellós regal, brilla. [Maravilloso regalo, brilla.]
I el món segueix girant per tots igual. [Y el mundo sigue girando para todos igual.]
Meravellós regal, viure. [Maravilloso regalo, vivir.]

Un verbo que lo condensa todo. Vivir aquí, en África, en Ásia, en América u Oceanía. Solo queremos eso: vivir dignamente. Mientras tanto, seguiremos paseando por Las Ramblas como en su día lo hizo Hans Christian Andersen, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Antoni Gaudí, George Orwell, Ramón Casas o Santiago Rusiñol. Enseñaremos nuestra maravillosa ciudad a nuestros amigos de fuera. Seguiremos siendo una ciudad cosmopolita y abierta al mundo. Y, sobre todo, seguiremos viajando. Seguiremos enseñando el mundo a través de nuestros artículos. No tenemos miedo. Ni tendréis nuestro odio. Nunca.

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

1 Comment

  1. Maravilloso regalo vivir. Vivir, vivir … y también “Vive y deja vivir . Desde tierras aragonesas, entre viñas y olivos, he tenido la suerte de poder conectarme a través de móvil y ordenador y el primer correo en mi bandeja ha sido tu relato. Gracias por expresar tan bien tus sentimientos y emociones en estos momentos. Quiero decirte públicamente que las noticias, artículos y selección de prensa que compartes en Facebook (twitter no puedo verlo en mi móvil) me sirve de ventana al mundo cuando estoy tan aislada y lejos. Felicidades por este Dia después .

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