La máscara de Venecia, más allá de un “sourvenir” turístico

He viajado a Venecia dos veces en mi vida. Una por placer y otra por trabajo. Dos visitas con un ritmo bastante diferente pero dejándome un sabor amargo por igual. Soy de las que no le gusta Venecia. No lo digo por el arte que desprende en cada una de sus callejuelas, palacios ducales e iglesias majestuosas sino porque considero que es un parque temático y no tiene nada de romántica. En invierno más vale que no te pille la nieve y en verano no te olvides tu loción anti mosquitos. Entre los bichos y el sol una no consigue concentrarse en tu ruta urbana. Valga la redundancia y para más inri, hay que sumar el estrés entre tiendas de máscaras y cruceros de turistas. No la recomendaría a nadie para una escapada de fin de semana en pareja – existen a tiro de piedra ciudades tan pasionales como Verona, Vicenza o Ferrara en la región del Véneto- a no ser que sepa que mis amigos son unos fanáticos de arte y todo lo que eso conlleva. Entonces en ese caso le recomendaría que redujeran su energía a visitar la Basílica de San Marcos, el Museo Correr, la Gallerie dell’Accademia o la colección Peggy Guggenheim como imprescindibles en una visita a esta ciudad italiana. Por lo demás, recomiendo quemar la guía y cerrar el mapa para alejarse de los caminos señalizados y lleno de turistas. Para que Venecia te encandile tienes que dejarte embriagar por el laberinto que forman sus callejuelas y canales. Tus pasos por ese entramado de calles te conducirán al Barrio Castello, uno de los más humildes, tranquilos y auténtico de Venecia. Eso sí, tienes que saber que hay momentos en que desearías matar a quien diseñó la ciudad por tener que rehacer tus pasos al encontrarte de morros con un pequeño canal o una calle sin salida.

Cnales de Venecia

Lo cierto es que en esas calles alejadas del bullicio es donde realmente se escucha silencio. La ropa colgada de ventana a ventana en estrechas calles son el vestigio de aquellas familias que aún se niegan a abandonar la isla por el hastío que provoca el turismo. Lo que más me impresionó fueron los escasos talleres de los llamados Mascareri, que no son más que los artesanos que elaboran máscaras. Nadie puede negar que la belleza de Venecia esté en su arte y sobre todo en el arte de hacer las máscaras que lucen despampanantes, con un aura de misterio y belleza, ante los turistas durante su Carnaval en el mes de febrero (11 al 28 de enero). Por eso en este artículo os pongo algunos aspectos que hay que saber del principal símbolo de la ciudad italiana.

Variedad de máscaras
Máscaras en tienda
artesano de máscaras
Mascarero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Mascareri

Cuando pises Venecia vas a ver tiendas de máscaras en cada esquina, en cada barrio y a cada paso que veas. No todas tienen el sello de ser las auténticas Atelier donde las elaboran a mano, de la misma manera que lo hacían los artesanos en el siglo XIII. La profesión de los Mascareri es casi tan antigua como la de gondolero e incluso se juntaron dentro del gremio de los pintores (los llamados arti) para regular sus propias leyes y sus buenas prácticas. Su máximo auge lo tuvo en el tiempo de la Serenissima, nombre que se le otorgó a Venecia cuando se hizo poderosa como ciudad Estado independiente hasta finales del s. XVIII. Llegaron a la friolera de 150 talleres aproximadamente en toda la isla cuando las máscaras adquirieron un uso social dentro de la sociedad veneciana. Desde entonces esta profesión se ha esforzado, con el paso de los siglos, a que no desaparezca del todo. Su fórmula es la de transmitir el conocimiento del negocio familiar generación tras generación.

Máscara Arlequín
Detalle máscara Arlequín. Ca Macana Atelier

Actualmente en Venecia existen más tiendas de máscaras que fruterías aunque muchas son made in China. También el plástico se ha convertido en la primera competencia directa de las elaboradas con arcilla y papel maché, por no decir el principal enemigo de su extinción como oficio. Si tenéis la oportunidad os aconsejo perderos. Desviaros sin rumbo hasta que cuando giréis no os topéis con gente. Entonces buscad esa calle solitaria y meteros en el primer taller pequeño que encontréis. Mi suerte me llevo a perderme y entrar en uno de estos talleres, de pequeñas dimensiones, que regentaban una pareja poco más de 40 años. Pude ver y fotografiar como decoraban a mano diferentes antifaces. Todo un arte centenario hecho a mano que te hace recapacitar acerca del precio. Un coste mínimo de 30€ no es tan descabellado para que una de las profesiones más bellas del mundo no desaparezca.

Las tiendas más famosas como Ca Macana Atelier (Via delle Botteghe, Dorsoduro) o La Bottega dei Mascareri (II Dei Saoneri San Polo), famosa por haber elaborado las máscaras que lleva los protagonistas de la película Eyes Wide Shut, son las mejores representaciones de este gremio artesanal. Sin embargo, su ubicación en medio de la vorágine de turistas hace que sea imposible apreciar con calma cómo trabajan estos artesanos.

Calles de Venecia

El Carnaval no nació en Venecia

Muchos os preguntaréis porque en el mes de febrero los venecianos sacan sus majestuosos trajes de gala y sus máscaras para lucir por la calle ante la admiración de turistas y viajeros. El Carnaval no nació en Venecia, como muchos creen, sino que existe una gran disputa sobre su origen y hay una gran división según los estudiosos. Para algunos su procedencia se remonta 5.000 años atrás con la civilización sumeria y egipcia cuando celebraban sus festividades en honor al Dios Apis. Otros por el contrario, sitúan su origen en las fiestas paganas  en el mundo clásico: primero por los griegos con las fiestas en honor a su dios Dionosio y, posteriormente, asimilado por la cultura romana, momento en que celebraban las llamadas Saturnales. En estas fiestas, normalmente entre el 13 y el 17 de diciembre, se rendía culto al dios de la agricultura, Saturno, cuando terminaba el año de cosecha. Durante esta semana todo era diversión a través de banquetes y fiestas donde estaba permitido todo. Se dejaba de trabajar, se bebía, se hacían regalos, representaciones teatrales con máscaras que protagonizaban historias e, inclusos, el rol social entre esclavos y amos se intercambiaban. Por asimilación lo hizo también el cristianismo cuando pasó a convertirse en la religión oficial del Imperio Romano e implantaron un período de fiestas y libertinaje antes del período de Cuaresma, momento en que debían dejar de comer carne (de ahí el significado de carne-vale). Estas fuertes restricciones religiosas que se alargaban durante cuarenta días hicieron más permisivo que hubiera unos días de libertinaje previo.

Calles de Venecia

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

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