Ruta Gastro: La Sexta Flota Americana en Barcelona

Muchos consideran que Barcelona se abrió al mundo con las Olimpiadas de Barcelona en el año 1992 pero no fue así. La capital catalana sufrió uno de sus primeros cambios en su estilo de vida cuatro décadas antes, concretamente la fría mañana del 9 de enero de 1951. El desembarco de la Sexta Flora Americana de ese día fue el resultado de los acuerdos por parte de Francisco Franco con la administración de Washington. Su finalidad era poner punto final al aislacionismo internacional ya que España se encontraba en la ruina económica total después de la Guerra Civil e inmersa en una profunda dictadura. Por otro lado, los americanos buscaban aliados para hacer frente a los comunistas soviéticos -la Guerra Fría se palpaba a nivel internacional- y tener a los soldados ubicados en territorio español concedía a esta potencia un aliado para el frente anticomunista.

Es por ese motivo que entre la década de los años cincuenta a los años ochenta, el puerto de Barcelona -al igual que los de Tarragona, Valencia, Mallorca o Cádiz- fueron los elegidos para que un alud de jóvenes marines de la Sexta Flota Americana desembarcase durante unos días después de estar aislados meses en alta mar. Su presencia dejó una huella profunda que, a día de hoy, todavía se puede encontrar en algunos bares y restaurantes de la parte baja de Barcelona. Gracias a la aplicación de Urban Explorer App pude recorrer algunos locales y revivir la noche canalla que aquellos marines, rebeldes y alocados, soñaban con tan solo pisar el suelo catalán.

Mural de la Rambla con marineros. Foto: Urban Explorer

LA TRANSFORMACIÓN DEL RAVAL Y EL GÓTICO

La presencia de estos jóvenes marines no pasó inadvertida para los barceloneses. Se les considera como los instigadores del “turismo de masas” que tanto trae de cabeza a la Ciudad Condal en la actualidad. Pero en los años 50 supuso una serie de transformaciones tanto urbanísticas como sociales que, a pesar de la gentrificación, aún hay quien se resigna a no olvidar ese pasado de esplendor que trajo el extranjero.

Persiana Bar Kentucky. Foto: Urban Explorer

Los barrios que más se beneficiaron de la llegada de estos yanquis fue el Barrio Chino, como se conocía por aquel entonces el Raval, la zona del Gótico colindante con la Rambla y la zona del Paral.lel.  A pesar de que las autoridades intentaron hacerles rutas para enseñarles los encantos gaudianos de la ciudad, los marines solo pensaban en pasar una noche loca y divertida entre bailes, alcohol y sexo. Durante el período de los años cincuenta y sesenta muchos comercios cambiaron sus nombres por otros más americanos para atraer este tipo de clientela: Missouri, Los Álamos, Miami o el bar Tequila o el New York (actualmente cerrado) en la calle Escudellers, una de las que acogió la mayor parte de la actividad de estos marines en la ciudad. Por otro lado, estos negocios convivían puerta con puerta con otros menos “legales”. Los meublés, que no eran más que hoteles para los encuentros sexuales, se multiplicaron y las prostitutas pasaron a triplicar sus tarifas. Concretamente, de cobrar 15 pesetas pasaron a recibir 5 dólares por sus servicios y con el aliciente que se las llevaban de compras donde recibían estupendos regalos.

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Cártel de la Coca-Cola de Neón en el Bar Kentucky

Otro de los legados que nos dejaron los americanos fue lo que se conoce como el inicio del consumismo puro y duro. Cuando desembarcaban solo veían un país subdesarrollado con muchas carencias. Se estableció una simbiosis entre ambas culturas: los españoles le ofrecían corridas de toros, flamenco y la mejor gastronomía en forma de embutido, paellas, caracoles o sangría y, en cambio, los marines con muchos dólares encima introdujeron en la cultura española la Coca-Cola, el whiskey, los cócteles como el vodka con naranja o el tequila así como artículos de consumo como los jeans, medias de nylon, los slips, los chicles, los sandwiches o los mecheros Zippo. Fue tan importante esta incursión que hasta el dictador Franco dio la orden de abrir la primera planta para producir Coca-Cola en Barcelona en el año 1951. Además, a su llegada muchos marineros eran asaltados por los niños que les pedían regalos, caramelos o monedas (algo que solemos ver ahora los que viajamos a otros lugares más empobrecidos).

Tocadiscos que utilizaban los marines en el bar Kentucky. Foto: Urban Explorer

Por último, los americanos exportaron a Barcelona la mejor música producida en USA. Ya que Franco no miraba con buenos ojos el jazz de los años cincuenta y sesenta, el rock and roll o la salsa, los primeros bares de Barcelona donde se empezó a escuchar este tipo de música fueron los que acogían a estos marines. De paso también, muchos de los dueños aprendieron sus primeras palabras en inglés para su nuevo tipo de clientela. Comunicarse con ellos era imprescindible ya que muchos, altos y robustos, solo faltaba que se embriagasen de alcohol para ponerse a iniciar peleas que, la mayoría de las veces, terminaban con más de la mitad del mobiliario destrozado. Además, tenían su propia policía que los vigilaban para mantener el orden.

RUTA GASTRO CON URBAN EXPLORER

Hacer la ruta es relativamente fácil. Tan solo tienes que descargarte la aplicación Urban Explorer y con un itinerario puedes ir pasando por todos los locales que tienen un pasado vinculado a los marines. Todavía existen unos cuantos como el Restaurante Amaya, el bar Cosmos, el Grill Room, Los Caracoles, el Bar Tequila, El Tobogan, la Sala Sidecar, el Jamboree Jazz, el Panam’s en Las Ramblas o el bar Kentucky en el Raval. La app también ofrece información, la historia y anécdotas que ocurrieron en estos locales así como un mapa de su ubicación exacta.

Monumento a los marines americanos en el puerto en la ruta gastro

MONUMENTO A LOS MARINES
El inicio de la ruta es el monumento dedicado a los marines de la Sexta Flota Americana. Aunque bien podría ser el inicio como el final de la ruta. El monumento se encuentra frente al edificios de las Aduanas y conmemora a los 49 militares muertos de la USS GUAM y el USS TRENTON que perdieron la vida el 17 de enero de 1977. Aquella fatídica noche, los 125 tripulantes de estas flotas volvían a su barco después de una intensa noche de parranda por los locales de Barcelona. La desgracia fue que casi la mitad de ellos no volverían jamás a sus puestos, el destino quiso que su embarcación colisionara con otro buque y muchos no salieron con vida de las sucias aguas del puerto de Barcelona.

Estados Unidos calificó este incidente como uno de los más graves ocurridos en la marina en tiempos de paz y frente al puerto se levanto un monumento de granito, esculpido por el artista Gabriel Alabert, en memoria de esas víctimas y en agradecimiento a todos los barceloneses que arriesgaron su vida para salvar a esos soldados. Precisamente este mismo año se ha celebrado el 40ª aniversario de este incidente en Barcelona con la presencia de familiares de las víctimas y algunos compañeros.

Con Ignacio y Mireia Torralba. Foto: Urban Explorer

RESTAURANTE AMAYA
Por su ubicación más próxima al puerto, el Restaurante Amaya era uno de los primeros locales donde acudían los marines para comer. Mireia y Laia Torralba, la cuarta generación que regenta este establecimiento, han querido otorgarle una imagen más moderna con la celebración de su 75 aniversario. Aún así han dejado intacta la esencia de su carta gastronómica: ofrecer un menú de comida vasca y mediterránea de la más alta calidad en un lugar tan turístico como es La Rambla de Catalunya.

Agujeros de mármol de las prostitutas de un moublé en el Restaurante Amaya

Lo cierto es que lo primero que te llama la atención nada más entrar a este restaurante no es solo su atractiva carta de tapas, arroces o pinchos vascos, sino que son los dos grandes mármoles que presiden la entrada junto con una placa que pone “Habitaciones María”. Tuvimos la suerte de que en nuestra estancia en este local nos acompañó Ignacio Torralba, padre de Mireia y Laia, que nos contó mil y una anécdotas del restaurante con los marines, de la zona de Las Ramblas en los años sesenta y de lo que representa este lugar desde que se fundó. El Amaya se abrió en el año 1941 por Don José Miquel y Don Antonio Mailán Poussin, este último fue un cocinero vasco que trabajó para Indalecio Prieto, ministro de la II República. Los partidarios del Movimiento lo llamaban “el cocinero rojo” y no había día que no entrasen a hacer de las suyas en el local. Después lo compró la familia Torralba y así ha ido pasando de generación en generación.

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Reproducción de carta antigua en Restaurante Amaya

Por aquel entonces, el restaurante estaba rodeado de los llamados moublés que, como hemos mencionado anteriormente, no eran más que casas de citas. Por lo tanto, la ubicación del restaurante con estos tugurios era privilegiado. Ignacio Torralba nos explicó que a estas casas se les llamaba Casa dels Barrets porque los hombres dejaban los gorros en la entrada y de haber habían muchísimas: Pensión Morera (nº 20), Pensión Lolita (nº 22) o la de la Anita la Apache (nº 24). Con el franquismo se prohibieron y las prostitutas tuvieron que ejercer su oficio en la calle y las únicas que podían abrir estos moublés eran las viudas de los militares. Es por eso que, cuando llegaban los marines de la Sexta Flota, las prostitutas captaban a estos clientes en la calle y los subían a las habitaciones que ellas mismas alquilaban. La actividad en la zona fue muy intensa durante el paso de los jóvenes americanos por esa zona. Y esos mármoles son el vivo legado de la actividad más buscada de La Rambla por aquellos años. Los agujeros representan las largas horas de espera recaptando clientes por parte de estas prostitutas. Pero también hay otros objetos que están expuestos cual pieza museística como es la balanza para pesar el carbón de cocina o la caja registradora.

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Wall Fame del Restaurante Amaya

Ignacio Torralba también nos contó que fueron los mismos marines los que introdujeron en España el concepto de plato combinado. Muchos venían al restaurante pidiendo un plato de  Fish and chips o steak and eggs. Además, ellos pagaban por estos platos 1 dólar y dejaban mucha propina lo cual para un trabajador significaba hacer una mina de oro en tan poco tiempo. Por otro lado, la segunda planta, sin salida al exterior y más íntima, era el espacio reservado donde pasaban el rato los marines con sus ligues. En su restauración han convertido el lugar en un espacio agradable y decorado con un Wall of Fame de las múltiples personalidades que han pasado por allí a lo largo de todas las décadas. Desde Mariscal, Sara Montiel, Gabriel García Márquez, Michael Douglas, Christopher Lee, Pink Floyd y hasta centenares de artistas, cantantes y políticos que tienen parada obligada al principio de la Rambla.

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Letrero Restaurante Cosmos

RESTAURANTE COSMOS
Seguramente muchos os habréis hartado de pasar por delante a lo largo de toda vuestra vida. Al menos yo sí, ya que mi facultad de Comunicación estaba justo al lado. Siempre ha sido un local que lo hemos visto desde la distancia por el hecho de estar frecuentado por tanto turista. Pero el Restaurante Cosmos es otro de esos lugares que guarda parte de la esencia dorada de los años cincuenta y sesenta. Lo más característico es un cartel de neón que tiene intacto desde que abrió el local. En su terraza era frecuente ver a marines con las mujeres de la calle. Es más, su propietario habilitó unas habitaciones en la planta de arriba para estos encuentros con las prostitutas y aún se puede ver otro cartel que pone “apartamentos Mur”. Lo más llamativo en su interior es su barra en forma de V que nos recuerdan a un auténtico dinner americano con sus taburetes anclados al suelo para evitar peleas entre los marines.

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Restaurante Los Caracoles Escudellers

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El centro de las noches canallas de los marines se concentraban entre la calle Escudellers y la Plaça Reial. En esta calle aún se conserva locales que eran de parada obligada para los marines cuando pisaban Barcelona. Encontramos en el número 14 el Restaurante Los Caracoles, un indispensable de la ciudad desde que abrió como Can Bofarull en 1835. Como su nombre indica comenzó su andadura con su plato estrella: los Caracoles y sirviendo una carta con tapas tradicionales. Durante los años cincuenta y sesenta fue uno de los favoritos por los oficiales y buena parte de ello se puede ver en las paredes del restaurante en forma de recuerdo fotográfico o placas. Ver marineros comiendo caracoles y bebiendo del porrón de vino en las mesas exteriores era algo habitual.

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Grill Room. Foto: Urban Explorer

El Grill Room, en el número 8, es un edificio de aire modernista que abrió en 1902 con el nombre de Torino. El dueño fue un italiano llamado Flaminio Mezzalama, representante en España de Martini&Rossi, que decidió abrir este local para promocionar el vermut italiano en Barcelona. Durante la época de la Sexta Flota destacó por ser uno de los que acogían la clientela por segregación. A un lado, atendían a los autotóctonos y al otro servían a los marines. El restaurante fue comprado por la familia Bofarull que fue quien le cambió el nombre al actual.

Terraza del Sidecar. Foto: Urban Explorer

SIDECAR
Todavía queda algún marine que ahora, en su tercera edad, viaja con la familia para recordar viejas glorias. Cuando estuvimos en Sidecar, los camareros habían recibido la visita hace poco de un marine que había pasado parte de sus noches barcelonesas en este lugar pero cuando se llamaba Bar Texas. Antes de pasar a ser un local de conciertos de punk y, en su última etapa, de rock & roll, era un bar de citas que solían alquilar los marines entero para sus noches de juerga. La peculiaridad era que el dueño se lo alquilaba a los marines por 24 horas. A día de hoy aún se conserva las dos barras donde en una se solía poner los marines y en el otro bando de los oficiales. Sidecar es el local más antiguo de Barcelona y por el ha pasado una larga agenda de actividades culturales.

Barra Bar Kentucky. Foto: Urban Explorer

KENTUCKY
Nuestra última excursión siguiendo los pasos de un marine de la Sexta Flota fue el bar Kentucky. La verdad es que una no se da cuenta que se encuentra ante algo parecido a un museo hasta que no se traspasa su antigua puerta y miras sus paredes. Fue precisamente en este bar y en cada uno de sus recuerdos que el escritor Xavier Theros se fijó para escribir su libro La sisena Flota a Barcelona. Quan els nords-americans envaïen la Rambla (Ed. La Camapa). Y cualquiera no se inspira con todo lo que ves: desde una jukebox auténtica, una caja registradora, fotos de la flota, fotos viejas, insignias de los marines, etc.

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Con Nieves y Eva en Bar Kentucky. Foto: Urban Explorer

El bar es una historia viva de Barcelona que sigue intacta, sin muchas modificaciones en su decoración y es por eso que lo hace tan auténtico. El bar lo abrieron en 1947 un matrimonio procedente de Mallorca con el nombre de La Flor. Con la llegada de la VI Flota en los cincuenta cambiaron el nombre por el del bar Kentucky. Sigue teniendo esa barra larga al estilo americano donde los marines dejaban su gorra cargadas de dólares, desde las 11 hasta las 3 de la mañana. Normalmente alquilaban la sala del fondo para hacer sus fiestas privadas y tenían hasta seguridad propia. Tuvimos la suerte de conocer a Nieves (segunda generación) y a su hija Eva que actualmente regenta el local. Nieves nos contó con detalle como recuerda ella su infancia entre esas cuatro paredes: fiestas interminables, regalos de los yankies y hasta una excursión al barco así como las grandes bandejas de pollo frito que sus padres hacían para que los marines acompañasen con su trago. Personalmente, considero que es de los pocos lugares que quedan auténticos en el barrio del Raval.

¿CÓMO HACER LA RUTA?

Para tener una mejor experiencia con estos lugares podéis descargaros la aplicación para hacer la ruta de forma gratuita o también tenéis la opción de comprar la Ruta Gastronómica de la VI Flota por 49€ que incluye un menú de 11 platos, postre y vino en el Restaurante Amaya, una consumición en Sidecar y otra en el bar Kentucky.

Más infohttp://urbanexplorerapp.com

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

2 Comments

  1. Me ha encantado pasar un agradable rato leyendo este artículo que has elaborado tan bien. Si estuvieras aquí, a mi lado, menudo rollo te comunicaría. Me has traído recuerdos que no los tenía ya presentes. Mi padre, de joven, fue camarero de Los Caracoles y recuerdo que me hablaba de la familia Bofarull. De ese ambiente que describes yo formé parte en algunos momentos: habíamos comprado “jeans” que los marineros traían y nos vendían; Joseph aún guarda un auténtico encendedor “zippo” y masticaba chicles Bazoka. Yo era muy joven y era el final del franquismo. La coca cola primera la bebimos con una cucharada de leche condensada y les habíamos comprado “gomas” ( preservativos) que ofrecían si te veían joven y con pinta de universitaria.
    Felicidades por el reportaje; es muy bueno.

    1. Wow. Te tendrás que venir a alguna salida Urban Explorer o ya quedaremos para tomar algo en los caracoles y nos explicas todas esas cosas que tienen que ser muy emocionante 😉

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