La comarca del Bages, una experiencia enoturística por descubrir

La comarca del Bages es un territorio que seduce. A tan solo escasos 70km de Barcelona es una región donde las piedras hablan y nos cuentan de dónde venimos. ¿Quién no ha paseado a los pies de la montaña de Montserrat perdiéndose por las calles de Monistrol, ha admirado nuestro pasado medieval visitando la Basílica de Santa María y el Monasterio de San Benet Bages, ambos situados en Manresa, o simplemente se ha perdido por el pueblo de Cardona y dentro de sus minas de sal, una de las más importantes del mundo? Pero el Bages tiene muchos encantos más y nuestro blogtrip nos llevo a conocer esa parte más desconocida. La historia que vincula esta zona con su pasado enológico.

 

La ruta de las tinas y las barracas de piedra en la Vall de Flequer

He dicho muchas veces que tengo una asignatura pendiente con el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obach y su cima más emblemática: La Mola. Mi mente siempre repite tinc que anar i fer cim (tengo que ir y hacer cima como se diría en castellano). Por un lado para saciar mi parte atlética y, por otra, mi parte cultureta ‘of course’ para ver en lo alto el Monasterio de Sant Llorenç del Munt. Nunca encuentro el momento para saldar mi deuda con este paraje natural y, esta vez, pisé parte de la tan deseada montaña para encandilarme con otra ruta de la que no sabía absolutamente nada y de la cual salí completamente enamorada.

Parc de Sant Llorenç de Munt i l’Obach

El autocar nos dejó en un aparcamiento al lado de la carretera entre el Pont de Vilomara en dirección a Rocafort, lugar donde comienza el recorrido señalizado: la ruta de las tinas de la Vall de Flequer. A pesar que la niebla nos acompañó una par de horas mañaneras nos sirvió para darle caña al objetivo y sacar increíbles instantáneas que podéis ver en Instagram con el hashtag #Bagesterradevins. Dicho esto el guía nos dijo: “aquí en este parque de pino blanco, un bosque joven (luego os cuento el por qué) en cuánto se vaya la niebla tenéis que mirar con ojos bien abiertos porque en cada rincón de la montaña hay construcciones de piedra.”

Conjunto de tinas de la Vall de Flequer dentro del Parque Natural

Y sí, yo doy fe de ello que había muchas construcciones de todos los tamaños y formas en cuánto la niebla se apartó de nuestro radar visual. El guía, acto seguido, nos rebeló el gran dato que nos dejó paralizados cual urbanitas perezosos de la vida que no cogen el coche para recorrer las comarcas vecinas en los 52 fines de semana que tiene el año (perdón 53 que este año es bisiesto). ¡Ah sí! la gran pregunta revelación fue ¿Sabíais que la comarca del Bages fue la comarca que más vino producía en Catalunya a finales del siglo XIX? Y, obviamente, ahora toca explicar todo lo que aprendí de esta ruta, con estas construcciones y con el apasionante pasado vinícola del Bages.

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Prensa desmontable
Un poco de historia…

Para comenzar os diré que las tinas son un patrimonio etnológico e histórico único en el mundo. En un itinerario de tan solo 4 kilómetros en sentido circular, sin apenas desniveles y con una excelente señalización con las marcas verdes y blancas del recorrido SL-C-52, se puede ver cómo estas construcciones se han fusionado con el bosque de pino blanco. Aunque el bosque es relativamente joven, un devastador incendio calcinó 2.000 hectáreas de este parque natural en el año 2003, lo cierto que este territorio tuvo su esplendor entre los siglos XVIII y finales del siglo XIX. El territorio catalán fue un territorio de fuerte actividad vinícola. Por un lado, por el fuerte aumento de la exportación de vinos y aguardientes hacia las colonias instaladas en América y, por otro, frente a la gran crisis que sufrió Francia por el brote de la filoxera, estos productos comenzaron a tener una gran demanda por la zona de los Pirineos y pasando la frontera. En la actualidad, hay unas 650 hectáreas y 13 bodegas que elaboran vino con denominación de origen en la zona. Lo cierto es que dos siglos atrás, estas montañas albergaron hasta 27.000 hectáreas donde se plantaron viñas para su explotación.

Interior de una tina: Pozo para prensar la viña para hacer mosto.

Para amortizar los gastos de transporte y tiempo de la viña a las masías para elaborarlo, muchos venían de otras poblaciones a dos o tres horas de camino, los rebassaires (así se llamaba a los agricultores a los cuales se les condecía un trozo de tierra para explotar a través del llamado contrato de rabassa morta) decidieron construir las tinas para producir el mismo vino a pie de la viña. Esta solución única en el mundo permitió la elaboración del vino en zonas agrícolas de difícil acceso, sobre todo en las áreas cercanas a la Mura, Talamanca y Rocafort.

Barracas de piedra seca
Tinas versus barracas

En la zona de la Vall de Flequer se han contabilizado hasta un centenar en buen estado de conservación pero se calcula que en todo el Bages existen alrededor de unas 4.000 (¡casi ná!). Y por cierto las hay de muchos tipos. La tina solitaria o las tinas colectivas como las que se encuentran dentro de la ruta señalizada: Les Tines Tosques, Les Tines de Bleda o Les Tines de l’Escudelleta. En todos estos conjuntos arqueológicos existen paneles explicativos que nos detallan la función de cada una  así como la forma de elaborar el vino. Pero había algunas barracas que no servían para elaborar vino sino era donde se guardaba el rebaño, los materiales de trabajo o simplemente como un refugio para pasar la noche. Estas construcciones, elaborada con la técnica de la piedra seca, recibían el nombre de barracas de viña y podían ser rectangulares o cuadradas.

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Ante semejante caminata y alud informativo, la actividad no pudo acabar mejor. Nos tenían preparada la sorpresa de una degustación a pie de un conjunto de tinas con productos de km0 y vinos de denominación de origen de la zona de Bages. Olivas, queso ecológico, embutido, aceite son algunos de los productos que se pueden adquirir en la zona. Pero también degustamos alguno de los vinos más característicos de esta región del Pla de Bages como el 3.9 de la bodega Abadal, el Sumoll de Solergibert o un vino de la finca de Oller del Mas. Apunte aquí para decir que se puede hacer también la Ruta del Cellers del Pla de Bages y visitar las 13 bodegas que actualmente elaboran el vino de denominación de origen de la zona.

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Pueblo de La Mura

 

La Mura, el encanto medieval de piedra

Después de la actividad montañera, nos dirigimos al pueblo de La Mura… ¡Todo un descubrimiento! Vale que el guía nos dijo que un lunes mucha actividad no hay (es un pueblo con tan solo 200 personas) pero los fines de semana mucha gente aprovecha para venir y visitarlo (en ese momento yo me preguntaba porque no lo he descubierto antes). La Mura es un pueblo pintoresco donde la piedra es la protagonista y está situado al pie del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obach. Tiene un encanto de villa medieval que parece que por siglos y siglos nadie haya desplazado una piedra y la haya puesto en otro lugar ¡ejem! Pero si todos os acordáis de la película Pa negre Agustí Villaronga (ganó nueve Goyas ¡eh!) entonces estaréis obligados a visitar “La Bauma”, una casa construida en la roca a las afueras del pueblo.

Restaurante Cal Carter

Pero también es un crimen no pasear por sus calles empedradas, no visitar su iglesia románica o dejaros caer para reponer fuerzas por el Restaurante Cal Carter. Con sus 50 años a sus espaldas, la familia Perich ha hecho las delicias de los comensales con platos que van desde la tradición catalana hasta la cocina de mercado con una gastronomía elaborada propia. Esta mezcla entre tradición y modernidad hace que descubras los garbanzos gratinados con alioli, su plato estrella, y salgas viendo la vida con otro color.

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Molí del Mig

 

El Molí del Mig: la historia del campesinado del Bages

Pues como en todo lugar tiene que haber un espacio museístico y esa fue nuestra última parada. La Mura no podía quedarse atrás. Así que a un quilómetro del centro del pueblo, junto a la riera de Nespres, se encuentra el Molí del Mig. Nos hicieron una visita guiada y nos explicaron que es uno de los molinos más antiguos del mundo que se conserva en buen estado. Data del siglo XI y se dice mantuvo su actividad hasta mitad del siglo XX. Durante la época del auge vinícola en la zona del Pla de Bages se aumentó la actividad para elaborar trigo, harina, aceite y vino. El guía también nos hizo una demostración de cómo funcionaba el molino hidráulico para aprovechar la energía del agua y así crear luz eléctrica. Pero, sin duda, lo que destaca es la colección de objetos etnográficos y herramientas de trabajo que nos da una visión detallada de cómo era la industria de la campesinado en épocas pasadas.

 

+ info:

El Bages se puede visitar de muchas formas: con rutas gastronómicas, haciendo senderismo, en bici o en caballo, con amigos o con la familia, etc. La verdad es que todas estas experiencias enoturísticas y muchas más las podéis reservar en la página Bages, terra de vins. Podéis acceder a la página haciendo click en este enlace.

La web de Barcelona és molt més podéis obtener más información de los recursos para visitar la zona.

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

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