Crónica de Juan Villoro a sus raíces yucatecas

La colección Heterodoxos de Altaïr ha recuperado la crónica de viajes que Juan Villoro escribió en el 89 en Alianza Editorial México. Le habían encargado que escribiera sobre Acapulco pero solicitó cambiar el destino a Yucatán. La razón fue personal, como lo es su relato, su recorrido y sus opiniones sobre el  lugar. Sus raíces maternas son yucatecas. Su abuela había nacido y abandonado la región al casarse. La anciana tenía una peculiar tendencia al chisme y a inventar historias fabulosas sobre su tierra de origen que fueron haciendo mella en el imaginario de Villoro. «Para nosotros Yucatán era la peculiarísima forma de hablar de la abuela» dice al inicio del libro, dándonos una pista desde buen comienzo de cómo su recorrido va a tratar principalmente de sus habitantes.

Quizás por la condición del cronista –medio mexicano por parte de madre, medio español por parte de padre– la voz narrativa es a veces conocedora y aprendiz, autóctona y extranjera, exploradora y turista.  Ese carácter doble le permite mostrarnos la región de un modo lúdico y cercano a la vez. La proximidad que nos invade al leerlo es lo que infunde al lector la sensación que podría ser él el que, partiendo siempre de Mérida, recorre la pirámide Uxmal, Chichén Itzá, etc. Se le suma su lenguaje llano y tan empapado de ironía como de sudor su camisa desde el minuto cero.

«Para que una ciudad mexicana sea “heroica” tiene que haber sufrido al menos una flagrante derrota ante las armas extranjeras; para que sea “hermosa”, basta que el centro y las diez calles que lo circundan sean estilo colonial (el resto puede ser horrendo).»

Un recorrido por el verdadero Yucatán

Palmeras de la brisa rápida busca conocer la zona anclándose en sus habitantes, que constituyen el verdadero patrimonio de la crónica. Es por ello que el autor entabla conversación con lugareños en la calle, bateristas de grupos rock en los pubs, taxistas, hoteleros, guías que venden su tiempo y no siempre su conocimiento, etc. Reproduce sus encuentros para transmitir el verdadero sabor del Yucatán y no hablo de papadzules o pollo pibil. Su mirada no contiene idealización, traza círculos alrededor de las ideas preconcebidas del pasado maya para puntualizar sobre su situación actual. «Hoy en día los mayas usan gorras de beisbolistas y pantalones de mezclilla stone-washed, son fanáticos de Chicoché y la Crisis y lo más probable es que no sueñen con glifos sino oportunidades de trabajo en Cancún».

En uno de los episodios más destacables del libro nos explica sobre los estudios antropológicos de los chamanes, su visión desfigurada por tendencias new age y su situación actual en la zona de Chan Santa Cruz como casta política y corrupta. Este patrón narrativo mezcla leyendas de reyes antropófagos con personajes de a pie. Villoro explora el presente desde el pasado pero siempre lo hace filtrado por un yo humilde y observador. Se muestra como un paseante que quiere deliberadamente desmarcarse de la figura romántica del explorador arqueólogo o del mito de los grandes cronistas antropólogos. Figuras como John Lloyd Stephens o Frederick Catherwood sirven como documentación –por igual que sus lugareños– pero nunca como influencia narrativa. Nuestro cronista es más popular y persigue lo común más que la aventura.

No adorna el relato eliminando algo que realmente le es característica a la Rivera Maya: los turistas de los que intenta desmarcarse no saliendo siempre victorioso. Es posible que cualquier visitante termine por plantearse la diferencia entre el turista y el viajero, el consumidor y el explorador. Con anécdotas como la de no permitir la entrada a unas cuevas porque un solo visitante no costea el precio de la luz, uno termina por darse cuenta que los yucatecos van a tratar por igual a ambas especies de visitantes.

Se describe a los yucatecos como personas con tendencia a quitarse impotencia. Lejos de la humildad, según Villoro, esto solo perpetua el auto olvido. «Yucatán está lleno de personajes que se fugan en la memoria y desaparecen sin dejar mas rastro que una fotografía, el gesto de asombro ante el flash que puede confundirse con el temor, una suprema sencillez en sentirse nada en un mundo capaz de lanar tal fogonazo.» Se trata de algo que va más allá del mantenimiento de unas ruinas devoradas por la selva, se trata de la subsistencia y conocimiento de la cultura maya. Es cierto que conservan su idioma pero eso no deja exento que sus costumbres sigan intactas. Ha habido evolución y sobre todo pérdida. En ocasiones el cronista se lamenta de lo poco que se sabe aun de cómo vivían los antiguos moradores de  las famosas Uxmal o Chichén Itzá. «Se diría que en Yucatán el afecto es una forma de distancia; la vida no debe ser transgredida por los detalles, las anécdotas, las causas. Los propios héroes yucatecos han fomentado el silencio que los rodea, han aceptado el tácito acuerde de vivir como si se desconocieran».

Leer a Villoro es un pequeño placer que se mastica como cotidiano y se digiere como literario. Palmeras de la brisa rápida es su única memoria de viajes, por ahora, en una trayectoria narrativa que le ha premiado en numerosas ocasiones. Pese a que la idea de la crónica surja como itinerario sentimental motivado por sus raíces, hay intención con él de llenar el déficit de literatura de viajes en lengua española frente a la tradición anglosajona. Es una batalla contra el tiempo que pretende dar voz a ese espíritu yucateco silencioso bañado por hordas de turistas.

«La sensación de estar en una ciudad tan historiada reforzó mi idea de escribir un viaje literario, es decir, personal.»

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AUTOR: Juan Villoro

TITULO: Palmeras de la brisa rápida

EDITORIAL: Altaïr

COLECCIÓN: Heterodoxos

AÑO: 2016

PÁGINAS: 325

Licenciada en Humanidades en la UPF en 2006 y cursó el Máster en Estudios Comparativos entre Literatura, Arte y Pensamiento. Ha trabajado tanto en librerías como en el sector editorial para Glénat, Jose Juan Olañeta y Penguin Random House. Actualmente reside en Götemburgo y conecta la literatura sueca y la española.

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