Isla Cristina, un mar de luz en la costa de Huelva

Atardecer desde la playa de La Gaviota © Mar Hidalgo
Atardecer desde la playa de La Gaviota © Mar Hidalgo

Cuando hablamos de viajar  nuestra mente siempre se escapa a lugares exóticos de arena blanquecina, sitios en los cual pasar unos días relajados y alejados del mundo. No hace falta irse demasiado lejos para encontrar sitios así ya que en la costa de Huelva, casi rozando con la frontera portuguesa, se encuentra Isla Cristina, un pueblo pesquero de hermosas playas del cual os hablaré, no como visitante, sino como lugareña que extraña la paz de esas playas.

Playa El Cantil © Mar Hidalgo
Playa El Cantil © Mar Hidalgo

Isla Cristina es un pueblo joven de poco más de 250 años, sus tierras emergieron con el terremoto de Lisboa de  1755. En un primer momento fue una colonia pesquera habitada por valencianos y catalanes llamada La Higuerita (nombre que lleva el periódico local y que se sigue usando para canciones y refranes populares). Su nombre fue cambiado a Isla Cristina en 1834 en honor a la ayuda prestada por la reina María Cristina de Borbón durante una epidemia de cólera.

La Higuerita es un pueblo orgulloso de su mar y su pasado marinero, ya que la pesca ha sido el sustento de la mayoría de las familias de este pueblo durante toda su historia. Tanto es así que su puerto es el más importante de Andalucía en subasta de pescado fresco.

Dejando a un lado temas históricos y económicos, Isla Cristina es un paraíso turístico: cuenta con 10 Km de fina arena bañadas por las frías aguas del Atlántico que hace que refrescarse en sus playas en verano sea el pasatiempo preferido tanto de turistas como de lugareños para aliviarse del calor de sus largos días de verano que nunca acaban, y es que Isla Cristina es conocida por la costa de luz por el gran número de horas de luz que tiene al año.

Dar un paseo por Isla Cristina es ver el mar allá donde estés, es oler a sal, son barcos y puestas de un sol que siempre se esconde en el agua dejando el cielo repleto de tonos rojos que contrasta con el azul intenso de sus aguas.”

Mar Hidalgo

El Espigón © Mar Hidalgo
El Espigón © Mar Hidalgo

Dar un paseo por Isla Cristina es ver el mar allá donde estés, es oler a sal, son barcos y puestas de un sol que siempre se esconde en el agua dejando el cielo repleto de tonos rojos que contrasta con el azul intenso de sus aguas. Merece la pena pasear desde la Playa del Hoyo hasta acabar en El cantil para ver el faro, pasando por la sombra de los pinares hasta llegar a la playa central y hacer una parada en sus numerosos bares para tomar alguna tapa del producto local, seguir paseando por el largo camino de madera que llega hasta la playa de La Gaviota, pasear por su puente y embriagarte con la mezcla del olor a mar y a retama, y por último seguir por el paseo que lleva hasta El Cantil, un lugar precioso donde ver la puesta de sol, eso sí, hay que ir abrigado incluso en verano porque el viento siempre estará presente para recordarnos que estamos abrazados por el mar. Esta ruta, más allá de las playas descritas, que llega hasta el muelle y las salinas, es conocida como la ruta de las puestas de sol en la que en encuentran numerosos carteles con poemas de Cernuda, Alberti, Gerardo Diego o Juan Ramón Jiménez inspirados en los atardeceres de las costas de Huelva.

Playa central © Mar Hidalgo
Playa central © Mar Hidalgo

Este pueblo también se siente orgulloso de sus fiestas, pero sobre todo del carnaval, unos de los más importantes de Andalucía después de Cádiz. Si decides ir en Febrero podrás ver durante más de una semana gente por las calles llevando disfraces espectaculares o improvisados, por grupos o individuales, pero todos disfrutando por igual de un carnaval de calle que siempre comienza con el himno del pueblo la higuerita marinera cantado el sábado noche a las puertas del teatro en el mismo momento en el que se anuncian los ganadores del concurso.

Pero, sobre todo, Isla Cristina es tranquilidad, palmeras, brisa marina y, como dice un famoso pasodoble del carnaval de mi tierra llamado tengo un trocito de mar, es “un trocito de gloria que Dios le robó a los mares”.

Graduada en filología hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente asentada en Glasgow (Escocia). Trabaja de camarera pero en su tiempo libre ejerce de profesora de español en casa. Amante de la literatura y el arte pero, sobre todo, amante de viajar con su cámara.

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