Itsukushima, el palacio que flota en el mar

¿Has oído nunca hablar de un palacio que flota en el mar? ¿Un santuario que se mece según las mareas? El santuario Itsukushima, comúnmente conocido como Miyajima, está situada en el Mar Interior de Seto, muy cerca de Hiroshima. La leyenda dice que  las Diosas de Mar eligieron esta isla debido a que se encuentra en una bahía cerrada y que se construyó emulando el mitológico Ryugu-jo, que se traduce como palacio del Dragón y que corresponde al palacio submarino de Ryujin, el Rey Dragón del Mar.

Dice la leyenda que hace mucho tiempo, en las islas del mar que rodea Shikoku, vivía Urashima Taro. Era el único hijo de una familia muy pobre de pescadores. Solamente poseía un bote y una red de pescar. Cada día salía con ambas cosas para traer peces del mar y dar sustento a sus viejos padres. Sin embargo, un día se detuvo en la playa al reparar en que un grupo de niños golpeaban una tortuga. Les amenazó y asustó para salvar la tortuga que, malherida, fue devuelta al mar.

Días más tarde, Urashima estaba pescando cuando descubrió enganchada en la red la misma tortuga que había salvado. Sorprendentemente ésta le habló y le dijo que el Rey de los Mares, Ryujin, estaba muy agradecido por la amabilidad que había demostrado con ella. Ryujin quería concederle la mano de su hija, la hermosa princesa Otohime.

La curiosidad de Urashima por conocer la belleza de la princesa le hizo seguir a la tortuga mar adentro. Nadaron durante mucho tiempo. Cuando casi le fallaban las fuerzas, apareció ante ellos un maravilloso palacio construido de cristal y corales rojos y blancos. Otohime, lo recibió como a un esposo, mostrándole todas las dependencias del palacio. Cada uno de los 4 costados parecía dedicado a una estación del año. Los sirvientes colmaron de distracciones, comida y bebida al pescador, que embelesado por el amor de Otohime y la belleza del entorno le pasó rapidísimo el tiempo.

Sin embargo, al tercer día, Urashima le hizo saber a su amada que extrañaba a sus padres. Otohime se entristeció y le dijo que ella le necesitaba más que ellos. El pescador rogó que le permitiera partir ya que sabía que sus padres morirían de hambre sin él. La princesa se resignó y pidió a la tortuga que acompañara a Urashima hasta la playa. Al despedirse le dio una misteriosa caja lacada, atada con un cordón rojo. Le ordenó que no la abriera bajo ningún concepto o no se reencontrarían jamás.

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Al llegar al poblado creyó que la tortuga se había equivocado de camino. No reconocía a nadie y las casas se veían diferentes pese a reconocer las calles. Confundido, Urashima preguntó por su familia sin éxito a los habitantes. Finalmente dio con un anciano cuya abuela siempre contaba lo desdichada que fue la pareja de ancianos pescadores Urashima cuando, hace 300 años, su único hijo salió a pescar y no regresó jamás. Trastornado por la muerte de sus padres y por la extrañeza del lugar se acercó de nuevo al mar preguntándose como podía regresar a Ryugu-ji. ¿Qué le había dicho Otohime? Confundido abrió la caja y una nube de polvo lo envolvió. Se sintió muy cansado, sus cabellos se volvieron blancos y su piel se arrugó. Sin fuerzas, se cayó al suelo y en su mente la voz de la princesa se oía fantasmal repitiendo: “Te dije que no debías abrir nunca la caja. En ella guardaba tu edad.”. A la mañana siguiente unos niños que iban a bañarse en la playa descubrieron un hombre decrépito y sin vida sentado bajo un árbol.

Desde el siglo VI se encuentran vestigios de que los japoneses han considerado Miyajima como un lugar puro. Los textos dicen que en el lugar donde hoy se alza el palacio flotante de Itsukushima había en una roca y un árbol enlazados por una cuerda como culto primitivo a la naturaleza. Que el Torii, o arco que en el shintoismo separa lo profano de lo sagrado, se alce directamente sobre el mar, indica que no solo el templo es sagrado sino que lo es toda la isla y que su pureza se origina, proviene y finaliza en mar. Pese a que cruzar el mar hasta la Tierra Pura o Paraíso es una creencia budista y no shintoísta, se considera que el Torii en el mar de Itsukushima hace referencia a esa tradición y señala el camino a las personas cuando mueren.

La pureza del lugar es tal que no se puede nacer ni morir en ella, no hay hospitales ni cementerios. Lo que sí puede encontrarse es gran cantidad de ciervos sika paseándose por las playas, los palacios, templos y bosques. En Japón se les considera mensajeros de los dioses y en toda la cultura oriental siempre se les ha venerado como protectores de la naturaleza. En el shintoismo la iconografía del dragón es muy diferente a la occidental; los dragones tienen cuerpo de serpiente, cabeza de cocodrilo y cuernos de ciervo. Los cuernos de estos moradores de Miyajima unen el lugar con el Ryujin, el Rey Dragón del Mar de la leyenda de Urashima Taro.

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Santuario de Itsukushima
El Santuario de Itsukushima

El santuario cuenta con 1400 años de historia. Lamentablemente la madera y la Historia muchas veces arden juntas y la pintoresca construcción que actualmente se puede visitar data del siglo XIX. El entramado de historias y leyendas que se cuentan sobre el lugar es amplio. Otra de las leyendas más destacables sobre el lugar esta recogido en el Heike Monogatari. El cantar es el mejor exponente de la épica japonesa y se la ha llamado la Ilíada oriental. Narra las trifulcas de corte entre los Genji (o Minamoto) y los Heike (o Taira) durante una era turbulenta, culta y decadente que daría paso al nuevo credo medieval de los samuráis. Es una tragedia y una elegía sin final heroico. Su principal protagonista es el antihéroe por excelente: el perdedor, déspota, desalmado y último emperador de los Heike, Taira No Kiyomori.

Cuenta el cantar que en Kyoto, el clan Heike reinaba despóticamente en una vida de excesos de poder y de placer. La última investidura dinástica con Taira no Kiyomori no supuso ningún cambio político ni social. Se dedicó a acumular poder a través de enlaces matrimoniales entre sus hijos y aristócratas, así como invertir en cultura y ocio. Es en ese periodo que invierte en la creación del Santuario de Itsukushima.

Los Minamoto, guerreros hastiados de la corrupción de la capital, empezaron a azotar con sus aires renovadores desde el archipiélago sur hacia la capital. Durante cinco años hubo conflictos y rebeliones que debilitaron hasta la muerte la salud de Taira no Kiyomori. La culminación del enfrentamiento entre Heike y Minamoto tuvo lugar en una batalla naval sin precedentes. Los samuráis Minamoto hundieron toda la flota de los Heike. Miles de guerreros murieron en esa batalla y muchos otros prefirieron cometer suicidio arrojándose al mar, fieles al código de honor japonés, antes de caer prisioneros y ser ejecutados por el enemigo.

Como en todas las guerras, a la batalla le siguió una carnicería en la que todos los Heike supervivientes (niños, mujeres y ancianos) fueron cruelmente asesinados. La esposa y viuda de Taira No Kiyomori había embarcado en la flota de combate junto con su último hijo. Tal como indica el protocolo militar, el líder del clan debía estar en la batalla aunque fuera un niño. Emprendió una huida hacia el este sin éxito. Su intención era llegar hasta el Santuario de Itsukushima que su difunto esposo había financiado construir.

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Vistas del Mar de Seto desde Monte Mise | Foto © Marina L. Riudoms

Sin embargo al entrar en el Mar de Seto se vio acosada por los barcos enemigos y terminó arrojando al único hijo barón por la borda con la esperanza que las olas lo llevaran hasta Istukushima.

En todo canto épico hay una parte verdadera y otra dudable. Hay dos hechos demostrables que nos ha llegado a día de hoy. Por un lado hay documentos históricos que fechan una donación en 1168 por parte del emperador para la construcción del templo. Por otro lado que en la zona de la batalla naval hay un tipo de cangrejos llamados Heike que tienen en su coraza un dibujo que se asemeja al rostro de un guerrero. Estos han sufrido una selección natural no intencionada al verse devueltos al mar por los pescadores que creían que eran reencarnaciones de los espíritus Heike.

La isla de Miyajima ha sobrevivido a catástrofes naturales, guerras y bombas, construyéndose y reconstruyéndose. El romanticismo del lugar continúa. El santuario de Itsukishima se considera Patrimonio de la Humanidad junto con la selva virgen del Monte Misen que actualmente puede recorrerse con un teleférico o siguiendo una ruta de santuarios, monumentos y ciervos. El agua mantiene vivo y paraliza el tiempo de Miyajima como la caja de Otohime, la princesa del mar. Si se tiene la oportunidad, es muy interesante visitar la isla durante el festival de Kangensai en el que, en honor a Taira No Kiyomori, se recrean diversas leyendas alrededor de la historia y la mitología del lugar al son de un biwa, un koto, un shamisen o un taiko.

Licenciada en Humanidades en la UPF en 2006 y cursó el Máster en Estudios Comparativos entre Literatura, Arte y Pensamiento. Ha trabajado tanto en librerías como en el sector editorial para Glénat, Jose Juan Olañeta y Penguin Random House. Actualmente reside en Götemburgo y conecta la literatura sueca y la española.

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