Josep Clarà, el genio olvidado del Novecentismo

El Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) ha recuperado la trayectoria de Josep Clarà, uno de los escultores catalanes más prolíficos de la primera mitad del siglo XX. Con la exposición En el taller de Josep Clarà. Yesos de un escultor irrepetible, organizado conjuntamente con el Museu de la Garrotxa de Olot, se hace un recorrido por la trayectoria de este artista olotense e invita al visitante a conocer su universo artístico a través de sus 80 obras en yeso y expuestas al público por primera vez. Se podrá ver en el MEAM hasta el 19 de junio y después, a partir de setiembre del 2017 en el Museu de la Garrotxa

Cuando visitamos Barcelona siempre se parte del mismo punto para empezar nuestro recorrido. La céntrica plaza de Catalunya, que separa el núcleo antiguo de la parte del barrio modernista de el Eixample, llama la atención del visitante por sus majestuosas estatuas que decoran cada rincón de este enclave. Figuras de porte clásico que han formado parte de las últimas manifestaciones más multitudinarias que han tenido lugar en la capital catalana. Dos de ellas, concretamente La Deessa y La Juventut quizá sean dos de las más bellas y más fotografiadas de la plaza. Pero la pregunta es ¿Conocen los barceloneses quién las creó? Pocas personas a quien se le formula esta pregunta, desgraciadamente, aciertan con la respuesta. Y es que, muchas veces, el arte peca de injusto y los artistas son víctimas del olvido.

Josep Clarà es uno de esos artistas que brilló por su creatividad inagotable, por su vida dedicada íntegramente al arte, el cual dotó de una personalidad propia, convirtiéndose en uno de los máximos representantes del Novecentismo. Fue uno de los escultores catalanes más prolíficos internacionalmente de su generación. Bebió de la influencia de Auguste Rodin y consagró su carrera en París. Incluso, donó desinteresadamente al Ayuntamiento de Barcelona su casa, su taller y su obra escultórica con un fondo económico para su mantenimiento. Sin embargo, su voluntad nunca no fue respetada: se destruyó su casa, su museo se convirtió en una biblioteca pública de la solo conserva su nombre y toda su obra (un total de 800 entre esculturas, dibujos y libros) quedaron confinadas entre el almacén del Museo de la Garrotxa y el Museo de Arte Nacional de Catalunya (MNAC).

Copia de ‘La deessa’ de Josep Clarà en Plaza Catalunya © Núria A.T

 

De una infancia creativa a su consagración como escultor en París

Josep Clarà nació en Olot en el año 1878 en el seno de una familia de clase media trabajadora que utilizó todos los recursos para el artista, al igual que sus hermanos, tuviera una buena formación en lo que realmente destacaba: el arte y el dibujo. Nacer a finales del siglo XIX en una ciudad como Olot fue más que un privilegio. La ciudad fue excepcional, artísticamente hablando, con la apertura de la Escuela de Bellas Artes, fundada en el año 1783, que formó a una generación de artistas excepcionales como son el pintor Joaquim Vayreda, Josep Berga i Boix – quien fue profesor directo de Josep Clarà- o Melcior Domenge, entre otros. Inspirados por la escuela francesa de Barbizon, se encargaron de plasmar la excepcional belleza del paisaje de la comarca de la Garrotxa así como su ambiente artístico atrajo a sus calles, cafeterías o centros artísticos a otros artistas catalanes de la talla de Josep Llimona, Santiago Rusiñol o Eric Galwey.

Tengo que extender lo más posible el límite de la vida a fin de poder decir todo lo que pueda de ella en mi arte, que no tiene límite.”  Josep Clarà

Clarà se formó en la Escuela de Bellas Artes de Olot, lugar que formó al artista de un conocimiento y una técnica que lo convertirían en uno de los máximos exponentes de la escultura en nuestro país en la primera mitad del siglo XX. Pero Olot era pequeño y los círculos artísticos limitados. Es por ese motivo que, en el año 1897, decide trasladarse a Tolosa de Llenguadoc, ciudad donde se había instalado hace unos meses su hermano Joan. Evitaba de esa forma su alistamiento militar que hubieran llevado al escultor olotense a otro futuro totalmente distinto en la Guerra de Cuba. En esta pequeña ciudad del sur de Francia, Clarà continuó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes y fue donde encontró realmente su vocación: la escultura. Pero no fue hasta 1900 que se traslada a París y donde se consagra internacionalmente como escultor. Su ingreso en l’École des Beaux-Arts de la capital parisina le llevó a compartir horas de dibujo al aire libre y salidas al Louvre junto a otros amigos, también escultores, de la talla de Antoine Bourdelle, Albert Bartholomé, Arístides Maillol o Charles Despiau. Fue precisamente Maillol quien le presentó al joven Clarà a Auguste Rodin, quien ya gozaba de su merecida fama en la ciudad francesa, y al que el artista catalán admiraba profundamente y cuya amistad influiría en la creación de alguna de sus obras. Durante su etapa parisina, y su contacto con los artistas franceses, fue donde se impregnó de todo el conocimiento que va de una etapa evolutiva que abarca desde el simbolismo hasta los valores estéticos que conformaban el Nuevo Clasicismo francés. Fue precisamente él, al igual que los otros artistas catalanes, los encargados de adaptar estos valores estéticos a la esfera artística que se gestaba en Barcelona. ç

Precisamente, la amistad con Eugeni d’Ors, el ideólogo del Novecentismo, fue el estímulo para concretar la visión de este movimiento artístico a nivel plástico. Cabe recordar que la escultura novecentista comparte con la francesa  la inspiración mediterránea, la reivindicación de la tradición clásica – Clarà viajó a Atenas en el 1930- y la voluntad de modernidad, incluyendo imágenes populares y  de ambiente rural. El auge internacional de su carrera vino entre la década de 1910 y 1920 cuando se multiplicaron sus viajes y participación en exposiciones internacionales en países como Chile, Inglaterra, Alemania, Italia, Holanda, Estados Unidos y Portugal. No fue hasta la segunda década del siglo veinte que decide regresar a vivir a tierras catalanas,  ya como escultor consagrado, donde realizó sus obras más reconocidas en los espacios públicos de diferentes ciudades catalanas como La deessa y La Juventut (Barcelona, 1928), Puixança (1936) o Maternitat (Barcelona, 1948).[1]

Exposición Josep Clarà en el MEAM © Núria A.T
Exposición Josep Clarà al MEAM © Núria A.T

Un recorrido por el universo creativo de Josep Clarà en el MEAM

Después del cierre del Museu Clarà en el año 1995, la figura del escultor Josep Clarà y su obra ha quedado relegada al olvido colectivo, quizá de una forma injusta. Es por ese motivo que el Museo de Arte Moderno quiere hacer estos meses un homenaje a uno de los grandes escultores que ha tenido Catalunya y que ha tenido un reconocimiento a nivel internacional. La muestra sigue un doble objetivo. Por un lado, acercar al público la vida y obra del artista, partiendo de la base que el recorrido biográfico parte de un profundo trabajo de investigación a partir de los libros escritos que dejó el mismo artista. Por otro lado, la exposición quiere recrear el proceso de creación escultórica, el funcionamiento del taller o la técnica utilizada para realizar sus piezas escultóricas. El visitante puede observar alrededor de 70 piezas de yeso que, por primera vez, se exponen al público acompañadas de fotografías, dibujos y escritos  con el añadido que son esculturas frágiles, utilizadas en su mayoría como estudio previo al proceso creativo de sus obras finales (normalmente acabados en mármol y bronce). Y es que para conocer de verdad el universo creador de Josep Clarà tenemos que comprender su entorno, su manera de trabajar o su manera de pensar. Porque es en su espacio de trabajo donde surgen esas piezas escultóricas que consiguen emocionar con su belleza poética y que consiguen mantenerse inmortales con el paso del tiempo. A pesar que sufrió una evolución desde un simbolismo rodiniano hasta las nuevas formas de la Nueva Figuración, pasando por el Novecentismo, lo que está claro que su escultura siempre presentaba los mismos rasgos: una escultura majestuosa, harmoniosa, de líneas definidas y siempre manteniendo un diálogo entre la natura y su ideal, teniendo como tema predilecto la representación de la figura humana. Es más, concretamente, su predilección por representar la figura femenina fue su tema por excelencia a lo largo de toda su trayectoria.

Exposición Josep Clarà al MEAM © Núria A.T
Exposición Josep Clarà al MEAM © Núria A.T

Esta muestra se presenta como excepcional y única ya que encontramos los yesos de las principales obras que conforman el universo creativo del escultor. El artista se caracterizó, sobre todo, por hacer grandes obras monumentales así como una faceta un poco menos conocida como es la de retratista pero en la cual recibió una gran cantidad de encargos en París. Pero, sin duda, lo que el visitante puede encontrarse son las obras preparatorias de cada etapa de su vida. No falta la majestuosa Èxtasi (1903), considerada su primera obra relevante de su etapa simbolista; La Deessa (1928) es su obra que representa su etapa simbólica y su ideal de propio modelo clásico. Esculpió una figura harmónica, robusta, equilibrada en el que intenta reflejar la perfección; La Puixança (1936) se considera una de las obras emblemáticas del Novecentismo ya que, a diferencia de La Deessa, pretendía acercarse a la realidad y plasmar una mujer catalana según los cánones de este movimiento artístico.  De entre sus obras monumentales encontramos el yeso Monument al Treball (1915), escultura que se inauguraría en la Plaça Doctor Robert de Sabadell. La exposición muestra también dos esculturas monumentales que no estuvieron exentas de polémica.

Por un lado, la escultura en yeso lacado de Els voluntaris catalans (1923-1925), figura que se instaló en el Parque de la Ciutadella en el año 1936, y la cual estuvo sujeta a diferentes mutilaciones, fue escondida e incluso tapada con una hoja de una parra por ser una escultura de desnudo integral. Por otro, la muestra ofrece al visitante los trabajos preparatorios al Monument als Caiguts (1950) que realizó por encargo del Ayuntamiento de Barcelona ya en época franquista. Un conjunto monumental que debería ir colocado en la Avenida del Generalísimo y que rendía homenaje a los caídos en la guerra del bando franquista. Para los ciudadanos de Barcelona, el monumento representaba la encarnación de la dictadura y por eso, tras numerosos ataques a lo largo de los años, la escultura se destruyó en el año 2001. También diferentes obras como La cortesana (1908) donde vemos tres figuras (yeso, yeso lacado y bronce) que muestra la evolución de la técnica escultórica o Retrat femení (1913) que la figura conserva aún todos los puntos de estudio que le permitiría al artista pasar este boceto a bronce. Para finalizar el recorrido,  en la tercera planta del museo se ha realizado una recreación del taller del mismo artista.

Yeso El Monument als Caiguts © Núria A.T
Yeso de estudio “El Monument als Caiguts” © Núria A.T

Josep Clarà siempre amó a Catalunya. Incluso, residiendo en Francia, formó parte de agrupaciones catalanas como la denuncia de la invasión de Serbia por parte de Alemania en el año 1915 y la exposición de artistas catalanes en París en el año 1920. Nunca quiso nacionalizarse francés y siempre vivió con la idea de volver y consagrar su obra en tierras catalanas. La donación de su legado no es más una prueba de amor que dio a su tierra. Quizá un amor que no fue correspondido. Tan solo hace falta cruzar la frontera para ver como Francia ha homenajeado a artistas como Aristiades Maillol, coetáneo y amigo de Josep Clarà, con un museo para exhibir su obra o para ver como ese país si se enorgullece de haber sido el refugio de grandes talentos como Maillol o poseer centros museísticos dedicados a íntegramente a escultores como Auguste Rodin o Antoine Bourdelle. El talento de Josep Clarà creció artísticiamente junto al de ellos. Barcelona debería reflexionar y ofrecerle el espacio que se merece en un futuro próximo.

 

[1] Fuente: Catálogo MEAM. “Al taller de Josep Clarà. Els guixos d’un escultor irrepetible”. Edición: Fundació de les Arts i els Artistes. Pág. 21-38

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

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