La Barcelona modernista de Ramón Casas

A los barceloneses no nos gusta hacer de guiris. Y es así. Aunque, a veces, tenemos que reconocer que apetece hacerlo. Sobre todo si estás en ese año en el que ocurren cosas en tu ciudad y, precisamente, este 2016 se conmemora nada menos que los 150 años del nacimiento de una personalidad tan importante como es la del pintor Ramón Casas. Barcelona lleva unos cuantos meses realizando actividades para acercar al público la excéntrica y apasionante vida de este bohemio dorado del Modernismo. Por eso mismo, y por una vez, una servidora se ha calzado la vestimenta de turista y se ha puesto a pasear por los lugares más importantes que formaron parte de la vida del artista. No se puede negar que Ramón Casas contribuyó a situar la Ciudad Condal en un punto importante del mapamundi, emplazándola como foco importante de la modernidad, a la par que París o Londres, y del que día de hoy los ciudadanos seguimos nutriéndonos a través de millones de turistas que visitan al año la ciudad. Tampoco se pone en duda que fue el digno representante de esa sociedad barcelonesa caracterizada por ‘La Belle Époque’ y que sus pinturas, carteles y dibujos, creados sin ningún tipo de limitación, llevaron a una renovación total de la pintura catalana de finales del siglo XIX. Aquí va nuestro modesto homenaje al genio Casas a través de aquellos lugares imprescindibles para conocer la vida del pintor cuando piséis la ciudad catalana en estos días.

Ramón Casas autoretrato (1908) Google Art Project
Ramón Casas autoretrato (1908) Google Art Project

Paseo de Gracia, territorio burgués y modernista

Para entender la vida Ramón Casas tenemos que entender el contexto histórico en el que creció. Sin duda, una época de cambios profundos en el período de finales del siglo XIX. Catalunya había cogido fuerza respecto al resto de España, en parte gracias al impulso industrial y el retorno de muchos de los indianos que volvieron amasando una riqueza y con ganas de cambiarlo todo. Uno de estos emigrantes ricos fue el padre de Ramón Casas. Hizo fortuna en Matanza (Cuba) y se casó con Elisa Carbó, hija de una familia de empresarios de la industria textil que tenía una fábrica en Sant Benet de Bages. El pintor y cartelista nació un 4 de enero de 1866 en un palacete de la parte antigua de la ciudad, ubicado en la calle Nou de Sant Francesc número 11. Actualmente poco queda de su paso por este edificio si nuestros pies nos hacen pasear por esta parte del barrio Gótico. Descendiente de una familia adinerada, sin dificultades económicas con las que subsistir, no tuvo ningún inconveniente en dejar sus estudios a los once años y dedicarse completamente a lo que más le apasionaba: el arte. Recibió clases de dibujo de Joan Vicens pero lo que marcaría la carrera del artista vino unos cuantos años después. En 1881 hubo una inflexión en su carrera. No solo comenzó a colaborar en la revista cultural l’Avenç, formato escrito elegido que refleja el espíritu modernista e innovador de la sociedad catalana y del que será cofundador, sino que, ese mismo año, siendo un adolescente, el joven Casas se embarca en un primer viaje a París para estudiar en el taller de Carolus-Duran. Este viaje a la cuna de la modernidad artística será trascendente en el futuro de su carrera. Carolas-Duran le hizo entrar en contacto con la pintura impresionista de Édouard Manet y la pintura hispánica con Velázquez. De París, lugar que frecuenta como corresponsal, hace una gira por Madrid, Granada y Sevilla (1883-1887), pasando por su tierra natal Barcelona, en la cual realiza obras de temática española como la serie de pinturas de tauromaquia que tanto gustaba en los círculos parisinos. En el año 1883 expone en el Salón Champ de Mars de París un autorretrato suyo vestido de flamenco que le hace merecedor de ser admitido como miembro de la Societé d’Artistes Françaises. Alternando estos viajes por las diferentes capitales españolas con Barcelona, exhibe en la Sala Parés las obras realizadas en estas diferentes ciudades. Es en este lugar donde conoce a otro artista, Santiago Russinyol, que será un punto de inflexión en su carrera. Ambos eran almas gemelas (burgueses, pintores, bohemios) que cruzan sus vidas en el camino hacia la renovación de la pintura catalana y la exhibición del universo estético modernista calificado como el más lúdico y excéntrico. A pesar de haber tenido una formación académica distinta, sus vidas serán inseparables y se convierten en tan solo una década en los más fieles representantes del Modernismo catalán. Su amistad se afianza en el 1889, año en que juntos recorren Catalunya a lomos de un coche donde Santiago Russinyol escribía los textos y Ramón Casas las ilustraciones. Este road trip donde pintaban paisajes, hablaban con la gente y mostraban su desparpajo culminó en un libro llamado Por Cataluña (desde mi carro) publicado en el año 1889. Unos cuantos años más tarde, en el 1907, harían lo mismo con otro libro L’Auca del Senyor Esteve cuyo mural con las ilustraciones para el libro que realizó Ramón Casas se puede ver en la calle Petritxol junto a la Plaza de Santa María del Pi.

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Foto: Núria AT

Sin duda, el punto culminante de esta amistad entre Russinyol y Casas lo situamos en el año 1891 donde ambos se trasladan a vivir a París. Un viaje libre de ataduras donde, principalmente, quieren impregnarse del ambiente bohemio parisino, de las últimas tendencias artísticas  y, en definitiva, pasarlo bien. Los dos se instalan en la Moulin de la Galette en el barrio de Montmartre. Por aquel entonces la zona contaba con infinidad de cabarets, bailes al aire libre, teatros y talleres de artistas. Un ambiente ideal para plasmar en sus obras que descubrieron acompañados de otros artistas como el grabador Ramón Canuda, el escultor Enric Clarasó y su amigo ingeniero, periodista y experto en arte, Miguel Utrillo que les hizo de pequeño mecenas en sus andaduras parisinas. De esta etapa encontramos magníficas obras cumbre como Plein air, Erik Satie, El Bal du Moulin de la Galette y Au Moulin de la Galette (Madeleine). A su vuelta a Barcelona en el año 1894, siendo ya un pintor consagrado dentro y fuera del país, decide con su familia trasladarse al barrio del Eixample barcelonés, concretamente en el Paseo de Gracia, que gracias a la Exposición Universal de 1888 y a su remodelación urbanística, se convirtió en el punto neurálgico de la modernidad a ojos de los visitantes. Numerosas familias burguesas se instalaron en esta avenida y los edificios fueron proyectados en su mayoría por los principales arquitectos del modernismo. Estableció su residencia en el número 96 y construido por el arquitecto Antoni Rovira i Rabassa. Aunque el edificio está protegido como parte del Patrimonio Arquitectónico de la ciudad de Barcelona, tan solo quedan dos placas que recuerdan que ese edificio residió Ramón Casas y, en otra, que fue residencia durante un tiempo de Santiago Russinyol. Todavía se puede observar los acabados del edificio, de estilo medievalista, y con ornamentación floral en los balcones de sus cuatro plantas. Como viene siendo habitual en la errada actuación de gestión del patrimonio en la ciudad, la casa Casas-Carbó ha sido una víctima más, por llamarlo de alguna manera, del capitalismo que tan poco beneficia a la ciudad de Barcelona. En el año 1941, la familia Amat, propietaria de la tienda de diseño Vinçon, adquirió la planta principal, convirtiéndose en una de los comercios de referencia en el sector durante décadas. El dueño tuvo el acierto de dejar intacto todo el mobiliario que perteneció a la casa de Ramón Casas. Las personas podían pasear por la tienda y observar esta simbiosis entre arquitectura modernista y diseño de mobiliario contemporáneo. Por culpa de la crisis y la ley de arrendamientos urbanos, la tienda de diseño tuvo que echar el cierre en diciembre del año 2015. Actualmente, y tras las reformas este espacio formará parte del grupo Inditex que abrirá una de las franquicias más grandes de la cadena Maximo Dutti. Hacer el acto de sentarte en el banco de en frente y mirar el edificio, pensando que en esas cuatro paredes se ideó la exquisita revista Pel & Ploma hace que te plantees la siguiente pregunta: ¿Porqué no se convirtió este edificio en un ejemplo más de arte modernista digno de ser mostrado al público como se hace a tan solo unos metros con La Pedrera del arquitecto Antoni Gaudí? Quizás a los barceloneses no nos gusta hacer de turistas pero si sentimos hay que recordar con cierta dignidad a aquellos que han hecho algo grande por nuestra ciudad y que necesitan su espacio para ser venerados.

Foto: © Núria A. T
Foto: © Núria A. T

La Sala Parés, la galería de los modernistas

Podíamos haber incluido la Sala Parés dentro de nuestro reportaje sobre Las Galerías de Arte en Barcelona que no debes dejar de visitar porque, sin duda, es una de las imprescindibles de la ciudad. Pero para hablar de esta sala se necesitaría un artículo entero ya que su historia es fascinante. En 1840 el señor Joan Parés abrió un pequeño comercio en la calle Petritxol nº 3 con el fin de vender láminas, grabados y material para artistas. Pero con el paso de los años fue llenando ese pequeño espacio del comercio con obras de arte para que los clientes pudieran ver cuando venían a hacer sus compras. No fue hasta el 1877 que se inaugura oficialmente como sala de exposiciones y también amplia su espacio hasta alcanzar el nº 5 de la misma calle. La Parés fue la primera galería de arte importante, por no decir la única, que tenía Barcelona por aquel entonces y, a día de hoy, es una de las más antiguas que todavía se encuentra activa en su labor de exponer las obras de los artistas emergentes. A finales del siglo XIX la sala recibía el calificativo de ‘Galería de los modernistas’ por su labor en mostrar al público exclusivamente las obras de los mejores artistas de este movimiento artístico. Ramón Casas expuso más de una decena de veces en las paredes de esta galería a lo largo de su vida. Fue en el año 1890 que la Parés celebró la primera exposición conjunta de Ramón Casas, Santiago Rusiñol y Enric Clarasó. Esta primera fue la más importante y una de las tres que realizarían conjuntamente hasta el año 1931, año de la muerte del pintor Santiago Russinyol. Fue importante porque mostró al público las bases hacía donde se dirigiría una nueva forma de pintar y asentaría las bases del movimiento pictórico modernista. Estas obras expuestas mostraban las pinturas que Russinyol y Casas habían realizado en París, muchas de ellas con una clara influencia de los pintores impresionistas. De ahí, que el público barcelonés, todavía con unos postulados conservadores, mostraron inicialmente su rechazo por denominarlas demasiado ‘modernas’. Ramón Casas también realizó dos exposiciones más, de forma individual, para la revista artística y literaria de la que fue uno de los fundadores Pèl & Ploma en el año 1899 y 1901. Esta última exposición coincidió con algunas de las obras en pastel de Pablo Picasso que no tuvieron éxito pero fue la primera vez que el artista malagueño expuso en la Sala Parés.

 

Sala Parés | Foto: © Núria A. T
Sala Parés | Foto: © Núria A. T

La galería también sirvió de lanzamiento para los artistas postmodernistas como Isidro Novell o Joaquim Mir. En 1925, la Sala pasa a manos  de los hermanos Joan Antón y Ramon Maragall que iniciaran una reforma en la galería, introduciendo dos salas de exposiciones, y dejarán aparcado la exhibición constante de las obras de los artistas del siglo XIX para centrarse también en la promoción de los nuevos artistas emergentes y su proyección internacional. Es aquí donde la Sala expone primera vez las obras de artistas como Rafael Llimona y Joan Serra, Joseph de Togores, Manolo Hugué, Joseph Mompou, incluso también expone Salvador Dalí. No fue hasta el año 1991, que la Sala Parés se fusiona con la Galería Trama y en su planta superior se dedica a la exposición del arte vanguardista más experimental a nivel internacional.

Fachada Els 4 GAts | Foto: © Núria A. T
Fachada Els 4 GAts | Foto: © Núria A. T

Els 4 Gats, tertualias bohemias

Este restaurante es el único legado actual que nos transporta a ese París que vivieron tanto Ramón Casas como Santiago Russinyol. La idea del restaurante Els 4 Gats surgió en aquel ambiente de Montmartre donde trabajaba Pere Romeu, promotor cultural ligado al mundo del arte y que formaba parte del grupo de catalanes modernistas afincados en París. Romeo se ganaba la vida como animador en un concurrido cabaret de la zona llamado Le Choir Noir, lugar que se convirtió en uno de los símbolos de la bohemia parisina de finales del siglo XIX. A su vuelta de París, no dudó en pensar que Barcelona también necesitaba un lugar así en el que artistas e intelectuales tuvieran un espacio común donde pasar horas de tertulia hablando de arte, filosofía, política o, según como se mire, sus sueños y anhelos. Gracias al apoyo económico del banquero y mecenas, Manuel Girona, y del pintor Ramón Casas, els 4 Gats se inauguró el 14 de junio de 1897 en la calle Montsió. Ocupó los bajos de un edificio de la Casa Martí, un edificio proyectado por Joseph Puig i Cadafalch que por aquel entonces contaba solo con 28 años de edad. El edificio, inspirado en el estilo del gótico europeo, todavía conserva en muy buen estado sus acabados de estilo modernista como sus grandes ventanales con vidrio policromado, las esculturas diseñadas por Eusebi Arnau, los acabados en ladrillo y el hierro forjado elaborado Manuel Ballarín.

 

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Entrada a Els 4 Gats | Foto: © Núria A. T

Entrar al interior es impregnarte del estilo de Ramón Casas. Toda la decoración posee fotografías, cuadros o alguna referencia a este pasado bohemio modernista. La entrada la preside el cuadro Ramón Casas y Pere Romeu en automóvil (1901), un cuadro de enormes dimensiones que sustituyó a la que inicialmente decoraba el lugar donde salían los mismos personajes pedaleando en una bicicleta de la época. El coche representó el punto álgido de la modernidad y de la burguesía más asentada. Ramón Casas era uno de los pocos privilegiados que podían permitirse el lujo de pasearse con este transporte innovador. La obra Ramón Casas y Pere Romeu en tàndem (1897) se puede ver en el Museu d’Art Nacional de Catalunya (MNAC). Inicialmente el lugar tenía dos ámbitos: la primera parte contenía una taberna-cervecería con mesas y una barra de bar para poder tomar algo y, una segunda sala, que estaba destinada a las exposiciones, las veladas musicales, espectáculos de sombras chinescas promovidas por Miquel Utrillo y Pere Romeo, etc. En esta parte trasera se fraguó la efímera revista 4 Gats que sería la antecesora de Pel & Ploma, la publicación de referencia del modernismo intelectual. Actualmente, esta parte también es un restaurante y se puede comer un menú con un precio a partir de los 30 € por persona. Pasearse por este local es volver a revivir los mejores momentos de la vanguardia artística barcelonesa y saber que en ese local personajes tan ilustres como Antoni Gaudí, Joaquim Mir, Isidre Nonell, Isaac Albéniz, Enric Granados o un joven Pablo Picasso, quien realizó su primera exposición individual en 1899, se reunían para debatir y ‘arreglar el mundo’, ajenos a que su legado artístico perdudaría siempre en la Historia del Arte.

 

La Sargantain de Ramón Casas © Círculo del Liceu
La Sargantain © Círculo del Liceu

Júlia Peraire, la musa en el Círculo del Liceu

Uno de los cuadros más valorados de Ramón Casas es, sin duda, el que le dedicó a su amada Júlia Peraire y que se conoce con el nombre de La Sargantain. Datado de 1907, el cuadro representa una mujer en una actitud de sensualidad muy desafiante, con una mirada penetrante y cubierta con un vestido amarillo intenso que deja marcada la silueta de sus piernas y al descubierto el escote. Ramón Casas conoció a Júlia Peraire en su regreso de su viaje de Madrid. Él tenía 39 años. Ella tan solo 17. De diferentes clases sociales: él burgués adinerado y ella una joven vendedora de lotería que se paseaba por las cafeterías de las Ramblas. Pero pronto Júlia se convirtió en su musa, su modelo, su amante y, finalmente, su esposa. Ha quedado indudablemente demostrado que el talento artístico mejoró con la llegada de esta mujer a la vida del pintor. Casas transformó la belleza de Júlia en el ideal de belleza de la época y ha quedado inmortalizada en numerosas pinturas, óleos y cárteles elaborados por el mismo artista, muchos de los cuales fueron vendidos a colecciones privadas. El cuadro de La Sargantain obtuvo el Premio de la V Exposición Internacional de Arte de Barcelona que concedía el Círculo del Liceu, un club privado que abrió sus puertas en 1847 y se ubica en el edificio del Gran Teatro del Liceo de Barcelona. El club, con una decoración totalmente modernista, no ha cambiado su esencia a lo largo de estos siglos y, desde que se inauguró, ha realizado para sus socios numerosos actos culturales. El propio pintor Ramón Casas se encargó de redecorar unas de las estancias: la sala de juegos conocida como La Rotonda. No solo realizó los doce cuadros inspirados en la mujer y música, que decorarían las paredes, sino también la decoración y organización de toda la sala corrió a cargo de él. Este club también ha querido sumarse a la celebración del año Ramón Casas y, por primera vez, ha abierto sus puertas al público para mostrar una exposición monográfica, Júlia, el deseo. Ramon Casas, centrada en la figura de la mujer de Ramón Casas. Los asistentes tienen una oportunidad única, hasta el 20 de julio, de poder ver uno de los salones concurridos por la clase burguesa en la época modernista, las diferentes estancias que siguen intactas desde el primer día de su inauguración y decoradas con las obras de Ramón Casas que nunca han estado abiertas al público así como la selección de obras de las exposición que pertenecen a colecciones privadas de socios del Liceu. Existen alrededor de un centenar de piezas que nos muestran a una Júlia retratada en todas sus facetas (femme fatale, con vestidos flamencos, chula, elegante, vestida de monja o de señora) y van acompañadas de objetos personales como fotografías, documentos o cartas que nos acercan a la relación entre Ramón Casas y Júlia Peraire. Una relación, sin duda, que no estaban bien visto por los círculos elegantes por donde solía moverse el pintor catalán.

 

Foto: © Núria A. T
Foto: © Núria A. T

Museu del Modernisme de Barcelona

Este espacio abrió sus puertas en el año 2010 en un edificio modernista diseñado por el arquitecto Enric Sagnier en la calle Balmes. Tenemos que decir que no tiene la trayectoria ni la misma apasionante historia que Els 4 Gats pero merece la pena su visita porque es un museo íntegramente dedicado al modernismo catalán. Aunque su espacio es reducido, no menos importante son las cerca de 300 piezas que conforman esta colección, donada por la familia Pinós-Guriao, y que nos sirve para aprender las principales características de este movimiento que tocó muchas disciplinas. Hay pinturas, esculturas, mobiliario y vitrinas de 42 artistas entre las que encontramos piezas de Antoni Gaudí, Joaquim Mir, Ramón Casas o Santiago Russinyol por citar los más importantes. Además, este año se han sumado a la celebración del año Casas con la retrospectiva Ramón Casas. La vida moderna que está apurando sus últimos días hasta el 3 de julio. En poco más de un centenar de obras y dividida en seis bloques temáticos, podemos ver las muchas facetas que tuvo el artista a lo largo de las diferentes etapas de su vida. Por ejemplo, la parte de Ramón Casas como cartelista es digna de mención. El pintor catalán fue el precursor del cartelismo artístico en España y un excelente diseñador gráfico que puso el arte al servicio de la comunicación. Su inspiración a la hora de hacer cárteles vino directamente del artista francés Henri Toulouse-Lautrec y de esa bohemia parisina de la que tanto se había nutrido en sus idas y venidas. En la muestra podemos ver un magnífico ejemplo de los cárteles que le hicieron más famoso a nivel mundial. En 1898 Vicente Bosch, propietario de la empresa Anís del Mono, creó un concurso para escoger un cártel que representaría a la marca. Ramón Casas fue el ganador con un dibujo de una mujer (prototipo que creó él mismo de castiza manola) con un mono que lleva de un brazo y con el otro un vaso del que bebe. La muestra nos enseña los diferentes bocetos preparatorios así como los diferentes cárteles que creó para la empresa. También los que realizó para la empresa Codorniu o Les Cigarretes de París así como los dibujos para la revista Pel & Ploma. Lo que destaca más de la exposición son los retratos dedicados a la figura femenina. Hay una sección de pinturas dedicada a las mujeres ‘chulas’ o ‘manolas’, que eran el prototipo de la mujer madrileña de clase popular, junto a otra parte que hay retratos de mujeres de clase elegante y burguesa. Y, como guinda del pastel,en una sala se ha expuesto el automóvil Delaunay-Belleville 28 HP del año 1906 que era el mismo con el que se paseaba el pintor por las calles de Barcelona y que la gente puede ver desde la calle a través de una cristalera.

 

 

Madeleine © Museu de Montserrat

La ‘Madeleine’ en el Museu de Montserrat

Aunque no sea en la Ciudad Condal, no podemos acabar este artículo sin recomendaros que os paséis por el Museo de Montserrat. Este museo conserva una de las mejores colecciones de Ramón Casas en Catalunya con alrededor de una treintena de óleos y pinturas. Josep Sala Ardiz donó en 1980 al Monasterio muchas de las obras que tenía del pintor, entre ellas una de las más icónicas en la carrera del artista. Hablamos del cuadro de la Madeleine o Au Maoulin de la Galette. Es un cuadro que realizó en 1892, justo cuando se encontraba en pleno ambiente bohemio en París viviendo con la troupe de artistas catalanes. El artista quiso reflejar el ambiente o recrear la escena de un suceso que le habían contado. La escena enfoca la atención a una mujer, Madeleine de Boisguillaume, que se encuentra sola en una mesa, bebiendo absenta y fumando. Sin embargo, su mirada está perdida hacia la gente que está en el gran salón. Justo en ese momento está pasando algo pero el espectador no lo ve, solo lo intuye porque el espejo que hay encima de la mujer refleja en uno de sus extremos una pareja. La cara de la joven es de cansancio puro (probablemente estaba ahí tras una larga jornada de trabajo), mezclada con nerviosismo (solo hay que fijarse en su mano que aprieta). La cuestión es que cuando volvió de París, el cuadro fue rechazado por la sociedad burguesa barcelonesa por ser demasiado trasgresor. Las mujeres no iban solas a los bares, no bebían y menos fumaban. Pero Ramón Casas la pinta con cierta melancolía de una forma muy realista y evocadora. El recurso para crear el ambiente del cuadro lo tomó prestado de la técnica impresionista de Édouard Manet que quizás ya habría visto expuesta en una de sus obras, Un bar aux Folies Bergére, en el año 1882. Si hay que marcar una obra como punto de inicio del camino hacía el arte modernista de Ramón Casas, sin duda, este es una de ellos.

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

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