La Barcelona oculta: leyendas urbanas

Cualquier ciudad con un pasado histórico que se precie esconde siempre leyendas ocultas. Reales o no, todas han permanecido durante siglos en el imaginario colectivo y, sobre todo, han otorgado a algunos edificios y lugares un aire enigmático y escalofriante. Qué mejor que recordar algunas de ellas en esta noche de Todos los Santos (Halloween para la gran mayoría de ciudadanos de este planeta) y Barcelona guarda algunas muy suculentas.

La maldición del Liceo

Es el edificio que más leyenda ha generado, tanto por su convulsa historia como por la maldición que lleva a sus espaldas. El Gran Teatre del Liceu, construido en el año 1662, era un convento de la orden de los Trinitarios, una orden religiosa encargada de rescatar a esclavos cristianos de los piratas. No duró mucho en pie y se dice que sirvió como almacén de armas en la Guerra del Francés y como club político de los liberales. En 1835 se incendió y se levantó el Liceu. Aquí comienza su historia maldita.

Las malas lenguas decían que en el edificio, aparte de ópera, se realizaban bailes de disfraces a escondidas (algo mal visto en la sociedad de la época), cosa que enfurecía a los frailes que estaban enterrados bajo el teatro. Se decía que el Liceu sería castigado por los espíritus y fantasmas tarde o temprano. Y, efectivamente, en el año 1861 el edificio volvió a incendiarse. Entre las runas apareció una nota que decía: “Soy el búho y voy solo, si lo volvéis a levantar yo lo volveré a quemar”. Aún así el Liceu volvió a reconstruirse. Sin embargo, un anarquista lanzó dos bombas en el año 1893 y causó una veintena de muertos. Más recientemente, ya en el año 1994, el edificio volvió a quemarse completamente. ¿Maldición o casualidades? Simplemente un misterio.

casabatllo

Esoterismo y Gaudí

Barcelona se ha ganado gran parte de su fama gracias a las obras de Antoni Gaudí, cuyas originales construcciones no dejan de causar expectación por los miles de visitantes que visitan Barcelona anualmente. ¿Pero que se puede decir de su creador? Más allá de ser un genio de la arquitectura, se le tachó de ser un prepotente, un drogadicto y, posteriormente, de estar vinculado a las logias masónicas. Su actitud ayudó a extender el rumor: no se relacionaba, le gustaba meditar en solitario y se entregó al ayuno a base de lechuga y aceite.

Por otro lado, se han encontrado numerosos símbolos esotéricos en sus obras. El Parc Güell, por ejemplo, se construyó con antimonio, un metal que utilizaban los alquimistas. En todas sus construcciones se puede apreciar toda clase de animales vinculados con el mundo masónico: salamandras, serpientes, dragones o, incluso,  el pelícano. Este último que pertenece a la Fachada del Nacimiento de la Sagrada Família equivale al grado 18 de la masonería. Sin irnos del mismo edificio, en el lado de la Fachada de la Pasión, se encuentra el famoso “cuadro mágico”.  En este cuadro se observan una serie de números en una escala del 1 al 15 que sumados en cualquier dirección forman el número 33. Para muchos, este símbolo representa la edad en que Cristo murió. Pero, sin embargo, este número en el mundo masónico significa el grado máximo al que puede llegar un masón. Es más si se observa detenidamente el cuadro, uno se da cuenta que en este templo religioso falta el número 12. Obviando de esta manera la existencia de los discípulos de Cristo. Además, hallamos construcciones fuera de la ciudad, como es el caso de la Cooperativa Obrera de Mataró, cuyos planos se realizaron a escala 1:666.

No obstante, no existen documentos que acrediten que Gaudí perteneciera a los círculos francomasones aunque, quizás, la Iglesia se encargó de ocultar el estrecho lazo que el arquitecto mantenía con las logías. Eso sí, os invito a que deis una vuelta por estas construcciones y os fijéis mucho en los detalles. Su simbolismo os puede dar muchas pistas.

 

La vampira del carrer Ponent

Quizá esta historia se asemeje a la de Jack ‘El Destripador’ de Londres, pero resulta mucho más escalofriante, pues también es una historia verídica que salió publicada en númerosos diarios nacionales e internacionales de la época. En la actual calle Joaquín Costa, hacía el año 1912, vivía Enriqueta Martí Ripollet. Una mujer de aspecto siniestro y una capa oscura que secuestraba a los niños de entre 5 y 10 años. Por la noche, sin embargo, ejercía la prostitución como modus vivendi.

Lo que hacía con ellos conmocionó a la opinión pública una vez salió a la luz todos los hechos. No sólo establecía encuentros sexuales entre los niños y gente de clase alta, sino que después los mataba y les extraía la sangre y las grasas porque, según ella, tenían fines curativos. Su personalidad atípica y siniestra la convirtió en la principal sospechosa de las más de 25 desapariciones. Uno de los días entraron en su piso y encontraron a dos de las niñas secuestradas junto con sacos de huesos y cráneos, sangre coagulada y residuos orgánicos. Las niñas confesaron que vieron cómo mataba a un niño encima de la mesa de la codina. Este caso nunca llegó a esclarecerse porque Enriqueta murió en prisión pocos días antes de su juicio pero como leyenda quedó su apodo: La vampira de Barcelona.

 

La curva de l’Arrabassada

Una chica aparece de repente en una curva alertándote de un peligro… o no. Quizás la leyenda urbana más famosa de todos los tiempos y la que más modificaciones ha sufrido. Barcelona cuenta con una historia similar. La curva de l’Arrabassada, la carretera que va desde Barcelona hasta Sant Cugat del Vallès y atraviesa la montaña de Collserola. Cuenta la historia que un joven viniendo de fiesta desde Sant Cugat y para evitar a la policía, optó por atravesar esta carretera de montaña. Mientras bajaba la curva a toda velocidad vio a una mujer, con camisón blanco, que le extendía la mano. El chico paró y aceptó llevar a la mujer hasta su casa. Para impresionarla comenzó a acelerar pero la chica no se inmutaba. Cerca de la curva conocida como la Paella, ubicada centro del Hospital de la Vall d’Hebrón, la mejor le dijo inesperadamente que la dejara allí mismo. Pronto el chico comprendió que esa mujer le había salvado la vida porque, justo unos instantes después, pasó un camión rozando su vehículo a toda velocidad.

El joven se volvió obsesivo con la imagen de aquella mujer, hasta que un día un amigo suyo le invitó a la fiesta de una amiga en su casa. El rostro de ella era totalmente idéntico al de la chica que le salvó la vida y decidió preguntarle. Parece ser que la chica se parecía mucho a su tía abuela, que resultó ser (como pudo comprobar el chico al ver un retrato), la misma mujer que le había salvado la vida aquella noche en la carretera. El chico se quedó helado cuando se enteró del final de la historia: la mujer murió en la curva de la Paella cuando venía del casino, situado junto en la curva de l’Arrabassada. Así que ya sabéis. Si un día volvéis de Sant Cugat y queréis volver por esta ruta alternativa puede que en esa curva os espere la Dama de Blanco.

Licenciada en Humanidades, especialidad Arte, y Periodismo por la UPF. También ha cursado posgrados de Marketing digital y Social Media. Periodista que ha trabajado para diferentes medios y empresas del ámbito cultural. Se considera comunicadora cultural en todas sus vertientes siendo el arte, la fotografía y los viajes su pasión.

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