A Coruña, el mágico encanto gallego de la costa atlántica

Torre de Hércules © Nora Rivas
Torre de Hércules en La Coruña © Nora Rivas

¡Hay un galego na lua, que é veciño de Ferrol! dicen en Galicia porque os galegos están repartidos por todo el mundo, se marcharon de su tierra en busca de trabajo y en su maleta llevan a morriña que les acompaña mientras no vuelvan a casa. No es de extrañar este sentimiento de añoranza con tan sólo descubrir uno de sus principales núcleos urbanos: A Coruña, una ciudad rodeada por las aguas del Atlántico encabezada por un monumento Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la Torre de Hércules.

Según cuenta la leyenda, Hércules venció en combate al gigante Gerión y enterró su cabeza en costas coruñesas, justo en el lugar donde se erigió la Torre en su honor que es ahora el faro romano más antiguo en funcionamiento del mundo. La Torre de Hércules es un monumento hermanado, ni más ni menos, con la estatua de la Libertad de Nueva York. Rodeada por abruptos acantilados y verdes prados, el paisaje nada tiene que envidiar al atractivo turístico irlandés. Si se quiere disfrutar de vistas infinitas al océano y del espectáculo de olas gigantescas romper contra las rocas, toma el rumbo hacia Galicia porque, ahí, la inmensidad del Atlántico le hace sentir al individuo diminuto, insignificante e, incluso, vulnerable ante la ferocidad del mar. Aún así, La Torre permanece erguida desde hace siglos con la misión de alertar a las embarcaciones y proteger a los habitantes de las tierras que vigila.  

Vistas al Océano Atlántico desde la Torre de Hércules © Nora Rivas
Vistas al Océano Atlántico desde la Torre de Hércules © Nora Rivas

Sigamos con el principal protagonista de la ciudad: el océano, como a los gallegos les gusta llamarle. Orgullosos, insisten en diferenciarlo de los mares que recorren el litoral europeo, ellos se encuentran al otro lado junto al Atlántico, sin lugar a dudas mucho más poderoso a causa de su fuerza. Otra cuestión es el recurso económico que representa para la ciudad y la calidad de vida que aporta a sus habitantes. Galicia es famosa por su actividad pesquera, sus productos son subastados en lonjas y desde ahí viajan a todos los puntos de España y varios del extranjero. El pescado gallego es apreciado en todas las cocinas, sobre todo, el marisco, que es unos de los más cotizados.

A parte de saber explotar lo mejor de sí mismos, los gallegos también saben disfrutar de lo que la naturaleza les ofrece y han sabido gestionarlo muy bien urbanísticamente. Las playas de Riazor y Orzán dan a los coruñeses y a los valientes que se atrevan a adentrarse en las gélidas aguas atlánticas un espacio de ocio y relax únicos. Han sabido aprovecharlo con astucia construyendo un paseo marítimo de 16 kilómetros donde se puede pasear, hacer deporte e ir en bicicleta por el carril bici respirando el aire marítimo que impregna la atmósfera.

Fuente homenaje a los surfistas © Nora Rivas
Fuente homenaje a los surfistas © Nora Rivas

Sin falta de ser una ciudad con atractivo cultural, las obras artísticas se encuentran en varios puntos urbanos. La Fuente de los Surfistas es un ejemplo de ello, se trata de una estructura que contiene dos esculturas que representan surfistas en movimiento marcando la apertura a un pequeño mirador que invita a contemplar la tremenda longitud de la playa hacia la que mira la ciudad. Un punto ideal que incita al paseante a detenerse, ampliar en radio de visión y no perderse nada del espectáculo que se abre entre él.

En el Paseo, también destacan las farolas rojas decoradas por un esmalte de la diseñadora Julia Ares que sirvieron para las catenarias del antiguo tranvía. Conservarlas a pesar de la retirada del medio de transporte fue una decisión acertada, ahora las farolas dan un toque de color que la vista agradece en medio del azul del océano y el color grisáceo que suele tener el cielo gallego. El contraste cromático es precioso.

Castillo de Sant Antón © Nora Rivas
Castillo de Sant Antón © Nora Rivas

El Paseo marítimo lo cierra el Castillo de San Antón. Otro legado histórico que nos recuerda el pasado defensivo contra los posibles atacantes. Los coruñeses se defendieron de todo aquél que pretendiera quebrantar sus fronteras. La fortaleza ahuyentó desde vikingos hasta ingleses aún hasta cuando no estaba terminada. Más adelante, el Castillo funcionó como prisión hasta 1960, fue cedido al Ayuntamiento. Por su posición estratégica militar adentrándose amenazante al Atlántico, parece que la ciudad esté aún custodiada por el que fue su gran protector de antaño.

Playas de Orzán y Riazor © Nora Rivas
Playas de Orzán y Riazor © Nora Rivas

Así, a los gallegos no se les puede negar el ardor con el que protegen sus tierras, igual que lo hacen con sus costumbres y tradiciones que resguardan con brío. Su pasado es rico y su legado sólido que preserva su identidad y su cultura con el vigor comparable a los cañones del Castillo de San Antón que un día defendieron la ciudad. Los gallegos no son desconfiados, custodian y aman a su entorno y a los suyos.

Así pues, el mágico encanto gallego que proporciona la costa de A Coruña es inigualable. La brisa complace, el ambiente embriaga y el sonido de las olas hipnotiza. Y ante todas estas sensaciones que regala Galicia, se chove, que chova!

La curiosidad por el mundo la llevó a desarrollar sus dos grandes pasiones: leer y viajar. La tercera derivó de la necesidad de transmitir lo que con las dos primeras descubría, escribir. Licenciada en Humanidades, especializada en literatura y cultura contemporánea que complementa con un postgrado en Gestión y Marketing Editorial, pretende perderse entre el maremágnum de culturas de nuestros tiempos.

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