La crisis de Antonio Machado en Baeza

Baeza tiene la marca de Antonio Machado incrustada en su memoria y en sus calles. El poeta sevillano vivió siete años en la pequeña localidad jienense. Siete años que corresponden a  una de las etapas más prolíficas y queridas de su obra y a una huida, a cualquier precio, de los Campos de Castilla, Soria y de la muerte de Leonor, su mujer.

Acunada por la Sierra de Cazorla y los Cerros de Úbeda, Baeza descansa con su antigua belleza, de una sobriedad parecida a la que se puede encontrar en ciertos pueblos castellanos. Machado la describió como «bella ciudad, entre moruna y manchega, en cuyas piedras venerables se lee un pasado glorioso, esta noble Baeza, de vieja tradición intelectual». Y es que esta localidad andaluza cuenta con una larga historia que se remonta al siglo I a.C. Vivió su momento de esplendor durante la Reconquista. Por ello, predominan edificios neo-góticos y renacentistas, como por ejemplo el Campus Antonio Machado de la Universidad Internacional de Andalucía. Se asienta en dos edificios: el Palacio de Jabalquinto, de finales del siglo XV, y el Antiguo Seminario Conciliar, frente a la Catedral también renacentista. Todo el casco antiguo de Baeza está declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

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Baeza |Foto © Marina L. Riudoms

Machado acababa de publicar su Campos de Castilla cuando murió su mujer de tuberculosis. Desesperado y con el corazón roto solicitó traslado de instituto con intención de ejercer en Madrid. Sin embargo, la única plaza vacante era en Baeza así que se mudó allí para tomar la cátedra de Lengua y Literatura Francesa en el Instituto Santísima Trinidad. Hoy en día se conserva como museo con los muebles y su documentación administrativa. También se encuentra esculpido su poema “Apuntes”. Su percepción de la vida en la ciudad quedará para siempre descrita en Nuevas canciones pero también en la correspondencia que mantenía con sus colegas.

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Campus Antonio Machado | Foto © Marina L. Riudoms

«Esta Baeza, que llaman la Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de Segunda Enseñanza, y apenas sabe leer un treinta por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén, y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta», se quejaba a Unamuno. «Llevo ocho años de destierro y ya me pesa esta vida provinciana en que acaba uno por devorarse a sí mismo» exageraba en la cuenta de los años a Juan Ramón Jiménez.

Sin embargo, mucho de esa percepción era fruto de un estado emocional que se evidencia en su carta a Pedro Chico: «Si la felicidad es algo posible y real —lo que a veces pienso— yo la identifico mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer a quien, como usted sabe, no me he resignado a perder, pues su recuerdo constituye el fondo más sólido de mi espíritu.»

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Aula de Antonio Machado | Foto © Marina L. Riudoms

Baeza y la crisis existencial

Únicamente le salvaban del aburrimiento y el hastío su escritura y los paseos a pie, tanto por la ciudad, como por los Cerros de Úbeda. Andar le permitía abstraerse de la monotonía de los días que marcados por sus clases, el estudio de su segunda titulación universitaria de Filosofía y Letras y alguna que otra tertulia en la rebotica de Almazán (ubicada frente a las Ruinas del Convento de San Francisco y actualmente demolida). Por esta costumbre suya de caminar hay un mirador con su nombre que rodea la ciudad y desde el que se pueden contemplar los olivares que se extienden en oleajes infinitos. Baeza significa un período de su vida marcado por una honda crisis y meditación que se extendió a una crisis de la palabra. Sus lecturas de Filosofía tiñen de existencialismo sus poemas.  El hombre se empequeñece y la nada se abalanza sobre él.

Pese a que Baeza fue su crisis también implica su resurgimiento y su toma de conciencia como intelectual. Baeza fue un lugar privilegiado desde donde pudo comprender la devastación cultural de la España rural, acercarse al folclore y alejarse del ensimismamiento juvenil hacia un activismo republicano y socialista. Viajó de las fuentes del Guadalquivir hasta sus marismas, en busca de una geografía del alma, de la propia y de la andaluza. También fue el lugar donde pudo conocer a Federico García Lorca antes de marcharse. Recitaron juntos en el Casino de Artesanos de Baeza, en la calle Concepción. Junto a su fachada se ha colocado una escultura de Machado, sentado en un banco público.

Al graduarse en Filosofía y Letras, Machado solicitó traslado a Segovia y esta vez si le fue concedida su primera petición. Abandonó la ciudad jienense en otoño del 1919, dejando su vivienda de la calle Gaspar Becerra.  La casa, en frente del Ayuntamiento, actualmente luce una placa conmemorativa y cada 22 de febrero, Baeza rinde homenaje a la muerte de Machado con actividades que procuren la difusión de su poética.

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Olivos © Marina L. Riudoms

Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo

***

En estos campos de la tierra mía,
y extranjero en los campos de mi tierra

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Cerros de Úbeda © Marina L. Riudoms

Olivo solitario,
lejos del olivar, junto a la fuente,
olivo hospitalario
que das tu sombra a un hombre pensativo
y a un agua transparente,
al borde del camino que blanquea,
guarde tus verdes ramas, viejo olivo,
la diosa de ojos glaucos, Atenea.

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Baeza © Marina L. Riudoms

Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando,
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando

* * *

Si hablo, suena
mi propia voz como un eco,
y está mi canto tan hueco
que ya ni espanta mi pena

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Campos de olivos © Marina L. Riudoms

¡Campo de Baeza,
soñaré contigo
cuando no te vea!

***

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Licenciada en Humanidades en la UPF en 2006 y cursó el Máster en Estudios Comparativos entre Literatura, Arte y Pensamiento. Ha trabajado tanto en librerías como en el sector editorial para Glénat, Jose Juan Olañeta y Penguin Random House. Actualmente reside en Götemburgo y conecta la literatura sueca y la española.

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