Tossa de Mar, cartografía de la inspiración

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Playas | Foto: © Andrea Navarro

El mar siempre ha mecido un gran número de creaciones, aunque nadie puede decir por qué. El oleaje, la paz, la arena mullida, todo ello tiene una suerte de «je ne sais quoi». La poeta Elizabeth Bishop en The Map ya nos adelantaba algunos de los puntos de su propio trazado: «Mapped waters are more quiet than the land is, / lending the land their waves’ own conformation: / and Norway’s hare runs south in agitation, / profiles investigate the sea, where land is».

Todos los mares son en realidad el mismo mar, lo sé. Pero no todos los pueblos costeros despiertan el mismo hechizo: Tossa de Mar es uno de mis embrujos predilectos. Victoria Combalía, que desde hace tiempo se convirtió en una de mis historiadoras del arte de cabecera, explicaba la infancia que su madre había tenido en esta localidad costera. No penséis que era una infancia cualquiera. Había compartido espacio y tiempo con Marc Chagall, Jean Metzinger, Georges Bataille y André Masson, entre otros. Pero, os preguntaréis, ¿qué hacían aquí todos estos grandes nombres allí? Pues es sencillo: encontrar su refugio. En la década de los treinta del siglo pasado, el pueblo pescador de Tossa de Mar se tenía por una de las localidades más bellas de todo el Mediterráneo.

Poco tiempo necesitaría para convertirse, como escribió Rafael Benet i Vancells en «Art» a finales de 1934, en Tossa, Babel de les arts. Como rezaba uno de los fragmentos del artículo: «Des de la terrassa del cafè d’En Biel, sota l’ombra inquieta dels plàtans, el bon turista admira el brodat dels merlets i de les torres de la muralla medieval; fris de silueta, elegant, una mica femenina». En su reportaje, Benet reveló el secreto de una de las poblaciones de la costa catalana: era el lugar de residencia de un gran grupo de artistas y personajes del mundo de la cultura.

Entre el año 1932 y el 1936 Tossa de Mar se colmó de intelectuales, así como de artistas multidisciplinares que venían de todas las partes del mundo. Se conformó una especie de confluencia en un lugar que albergaba personalidades culturales, tanto catalanas, como de procedencia internacional. No debemos extrañarnos pues fue un fenómeno habitual en muchos puntos de la Costa Brava en los que empezaron a residir grupos de intelectuales que se asentaban buscando un remanso de inspiración y una vida tranquila. Cadaqués, por ejemplo, fue uno de los casos similares, pero eso dejémoslo para otro artículo. En 1935, el propio Benet empujó con fuerza la propuesta de construir un Museo de Arte Contemporáneo de Tossa de Mar que terminaría por fundarse el día 1 de septiembre de ese mismo año.

Con la venida de todos estos personajes del mundo de la cultura, el lugar se convirtió rápidamente en una colonia clave de artistas y escritores locales y extranjero. Lo denominaban ‘el Montparnasse del sur de Europa’. Muchos de los nuevos residentes llegaron huyendo del terror que había despertado el nazismo. Otros anclaron su estancia presos de una imagen de belleza pura.

Badia de Tossa | Foto: © Andrea Navarro
Badia de Tossa | Foto: © Andrea Navarro

Son muchos los nombres de quienes se instalaron allí. Albert Geizes, Otto Lloyd y la pintora Olga Scharof, el poeta y crítico de arte André Salmon, Jules Superville, el pintor Oskar Zügel, Francis Picabia, el periodista Georges Charensol, Stanley William Hayter y pintores catalanes como Pere Créixams. Una de las historias más curiosas de entre las de sus nuevos habitantes es la de Archie y Nancy Johnstone. Este matrimonio londinense decidió instalarse en el pueblo pesquero. Allí compraron una casa y la convirtieron en un hotel para cubrir los déficits de hospedaje del lugar. El arquitecto encargado de las reformas fue Fritz Markus, un judío alemán que, con el tiempo, se convertiría en el propietario del conocido Bar d’en Marcus. A posteriori, en 1937, Nancy publicaría sus experiencias en Tossa de Mar con el título Hotel in Spain bajo el paraguas de Faber&Faber.

Pero Tossa no sólo fue un refugio cultural, también fue cuna de romances. Uno de los más desconocidos se dio entre la artista Dora Maar –quien después sería pareja de Pablo Picasso entre 1936 y 1944– y el filósofo francés Georges Bataille. Ella tomó fotografías en el pueblecito costero y él, más tarde, le escribiría misivas. Dora Maar viajó primero a la Ciudad Condal y luego a la Costa Brava en el año 1934. Registraría con su cámara la Villa Vella, el Codolar, vistas del pueblo y personajes típicos de la localidad. Georges Bataille, con posterioridad, iba a visitar a su colega André Masson, en casa del cual se hospedaba siempre que visitaba Tossa de Mar.

La pequeña villa marinera fue cuna de las vanguardias. Ninguno de los artistas que se aglomeraron en la localidad crearon una escuela determinada, pero todos escogieron el mismo lugar para pasar largas temporadas.

 

Pero, ¡hablemos de los catalanes!

Hay dos calles concretas de Tossa de Mar que siempre me han parecido cargadas de encanto. La primera está dedicada al escritor Joan Basté (1920 – 1997). En la calle homónima rezan los siguientes versos de Evocació que se encuentra en el poemario L’inútil aventura (1986):

Vista del pueblo y la isleta de fondo | Foto: © Andrea Navarro
Vista del pueblo y la isleta de fondo | Foto: © Andrea Navarro

«Platja de Tossa fores, només la clara escena
d’un somni que vacil·la entre el goig i la pena
o somni tu mateixa que, fràgil, s’esvaeix?

Tu ets el paradís perdut en la distància,
el camí que s’esborra en records de la infància.
I amb tot la meva platja, mal que lluny, existeix.»

Y no sólo le dedicó versos. También compuso juntamente con el poeta Pere Quart –pseudónimo de Joan Oliver i Sallarès– una obra teatral en verso, a la que dieron por título Quasi un paradís. La pieza se inspiraba en la antigua historia de la localidad. El mosaico de la Vila Romana, elaborado a partir de unos originales guijarros marinos, menciona por primera vez el nombre de la población –y probablemente el del propietario–: Salvo Vitalis Felix Turissa. Las palabras latinas o, en concreto, ese Vitalis inspiró la composición teatral de ambos creadores. La obra se estrenó en el Teatro Rovira de Tossa de Mar a fecha de 18 de agosto de 1951 junto con una edición del libro de 350 ejemplares.

La segunda de las calles es una alegoría al escritor Josep Pla y expone sus palabras junto con un retrato de perfil: «el millor de Tossa és la seva llum, el seu perfum, el seu color, la seva vida». Pla habló de la localidad en muchos de sus libros y artículos, así como lo harían el ya mencionado Rafael Benet, Josep Palau, José Escofet o Jaime Pol Girbal. Todos se dedicaron a registrar el fenómeno que se estaba dando en la Costa Brava, pero Josep Pla fue un paso más allá.

Escribió tres guías ilustradas –que se publicaron originalmente en castellano– que cubrían tres partes geográficas: La Costa Brava, Mallorca, Menorca i Eivissa y Catalunya. La primera edición en la que aparece Tossa de Mar es Costa Brava. Guía general y verídica fechada en 1941. En la revista Destino también publicó muchas de sus destacadas crónicas y cartas desde este emplazamiento. En ella documentaría las tertulias y los primeros locales que se abrieron para dedicarse al terreno artístico y cultural. Como reza una de las descripciones: «A Tossa, convé pujar al Far –admirar el magnífic panorama de la mar des del mirador construït al seu darrere–, baixar a la Vila Vella, ficar-se pels seus racons mig enrunats, entre els geranis, fruir de la llum tamisada i ombrejada de la plaça de l’actual Museu».

Ahora quedan lejos esas calles en las que se describía a los pescadores descalzos paseando o en las que se resaltaba el brillo de las casas encaladas de una sola altura. Con todo y con eso, Tossa de Mar sigue conservando un encanto único, propio de aquellos lugares que acumulan un poso cultural imborrable.

 

Estudió Historia del arte en la UAB. Llegó un momento en el que se dio cuenta de que pasaba más tiempo entre los estantes de Literatura de la Biblioteca que entre los de Arte. Es por ello que decidió cursar el Máster en Estudios Comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento donde se especializó en Literatura Comparada y Pensamiento Contemporáneo. Actualmente, tratando de adentrarse en el mundo de la edición, realiza estudios de posgrado en Gestión y Marketing Editorial en la UOC. Viajar y escribir forman parte de su ADN.

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